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Juan Genovés: «La cultura siempre es peligrosa para los que quieren que no cambie su poder»

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Genovés, frente a una de sus obras.:: / MARTÍNEZ BUESO

  • El artista valenciano acaba de inaugurar muestra en Nueva York. Sigue en forma. «Distribuyo mis fuerzas para dirigirlas sólo a mi trabajo», reconoce

Renovador del arte, comprometido con los movimientos sociales, retratista de la sociedad contemporánea. La inquietud y la preocupación han marcado la carrera del valenciano Juan Genovés (1930), que recordará este año porque su obra 'El abrazo' llegó al Congreso.

¿Cómo vivió ese momento?

Lo viví con algo de ilusión. El cuadro estuvo escondido tanto tiempo en el almacén del Reina Sofía que para mí era como si hubiese estado encarcelado. Es un cuadro que he pintado yo, pero pertenece a todo el mundo, que lo ha hecho suyo. Al llegar al Congreso de los Diputados me ilusionó que todo el mundo pudiera verlo al fin. Pero resulta que ahora está otra vez preso en el propio Congreso pues para verlo, por motivos de seguridad y de burocracia, hay que hacer no sé qué instancias. Solo los diputados y afines pueden verlo con facilidad. La gente de la calle no.

¿Se ha hecho uso político de él?

Naturalmente. La prueba es que todos los políticos de distintos partidos estaban entusiasmados con el cuadro. Todos sin excepción le echaban piropos. Como no todos piensan igual, sino todo lo contrario, alguno miente, en lo cual los políticos son maestros. Cualquiera sabe la intención de cada cual.

Últimamente no ha habido muchos abrazos en esa institución.

¿Cómo que no hay abrazos entre la clase política? Todos los días podemos verlos abrazarse. Pero no son de verdad, son fingidos, puro teatro. El cuadro es un abrazo 'de verdad' y por eso se le tiene miedo.

'El abrazo' es un símbolo de un periodo histórico como fue la Transición. ¿Qué imagen podría representar el momento actual?

El mismo que representó en su día. Los tiempos son diferentes pero la situación es la misma. En aquél momento había necesidad urgente de encontrar nuevas maneras de entenderse. Fue difícil y a veces dramático, pero se consiguió más o menos, aunque no del gusto de todos. La totalidad salió de aquella transición malhumorada y nada contenta. Pero se echó para adelante. Ahora es lo mismo pero diferente. Hay otras maneras de ver el mundo, han surgido fuerzas distintas y ya no hay aquello de 'buenos y malos'. Las cosas no son como siempre, son diferentes. Sin embargo hay una constante, siempre en estas batallas, las pierden los 'de abajo', los que menos culpa tienen si las cosas van mal.

Ese cuadro le llevó a estar días detenido. ¿Se imagina que hoy el arte pudiera motivar algo así?

No solamente estuve detenido siete días. Lo más grave para mí fue pasearme esposado y con un guardia a cada lado a través de la Puerta del Sol llena de gente como si fuese un criminal peligroso. Y lo hicieron a conciencia con la chulería propia de aquellos absolutistas, «para que escarmienten estos 'enemigos de España'» o algo así. Ahora parece imposible pero fue así, la cultura siempre es peligrosa para los que quieren que no cambie su poder. Nunca creí que con el arte íbamos a cambiar el mundo, pero los creadores somos notarios en la historia y el arte dice las cosas de verdad.

Acaba de inaugurar exposición en Nueva York. Como artista se mantiene en forma.

Estuve allí, estoy muy contento. Fue un gran esfuerzo pero lo he resistido. Mentiría si dijera que todo me surge natural. Me cuido como un deportista, llevo mi régimen, mi gimnasia, diariamente, una alimentación rigurosa. También distribuyo mis fuerzas para dirigirlas sólo a mi trabajo y no derrocharlas en esfuerzos inútiles. He reducido mi vida social. Tiempo atrás mi inquietud me llevaba de aquí para allá, gastando mi energía sin control. Ahora que mis fuerzas escasean tengo el deber de distribuirlas. Yo aporto mi cuerpo en el acto de pintar.

A usted siempre se le ha otorgado el valor de ser un renovador del arte. ¿Se reconoce como ello?

Aún los árboles no me dejan ver el bosque. No lo sé. Tampoco veo con claridad el arte contemporáneo español. Con auténtica claridad solo sé que España en la plástica, en el mundo del siglo pasado, tuvo tres pintores que no se los merece: Picasso, Miró y Dalí. Y no se los merece porque no hizo nada por ellos, lo único ponerles inconvenientes. Son otros los que pusieron a estos creadores en órbita mundial. Hasta que nosotros no sepamos poner a nuestros artistas en órbita, no seremos capaces de tener una auténtica importancia cultural en el mundo.

¿Cómo recibe un premio como 'Valencianos para el Siglo XXI', que llega desde su tierra?

Estoy agradecido por la buena intención que les guía. No he sido nunca amante de los premios y medallas porque creo que las distinciones ayudan a la competencia, todo asomo de competencia entre creadores me repugna. Las recompensas las tengo todos los días en mi trabajo. Pero de vez en cuando me doy una alegría. Soy consciente de ser privilegiado. El arte es un privilegio.