Las Provincias

Pinazo y Goerlich, frente a frente

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Coloquio. Pablo Salazar, Andrés Goerlich, Francisco Pérez Puche, José Ignacio Casar Pinazo y Carmen de Rosa. :: j. signes

  • Los descendientes del pintor y del arquitecto defienden la pasión de ambos artistas por la ciudad de Valencia

  • Aula LAS PROVINCIAS desvela los nexos entre los creadores valencianos de la modernidad

valencia. Ignacio Pinazo y Francisco Javier Goerlich. Pintor y arquitecto. Valencianos y «enamorados de su ciudad». A veces, incomprendidos. Otras, considerados unos adelantados a su tiempo. Definidos como los creadores valencianos de la modernidad, no coetáneos en el tiempo, pero sí auténticos renovadores de la Valencia de los siglos XIX y XX. Con estas referencias arrancó ayer Aula LAS PROVINCIAS. El bisnieto del artista y actual director del Museo de Bellas Artes de Valencia y de la Casa Museo del pintor en Godella, José Ignacio Casar Pinazo, y el sobrino nieto del arquitecto, abogado y presidente de la fundación Goerlich, Andrés Goerlich, fueron los encargados de dar las claves de los nexos comunes entre ambos autores.

Acompañados por el que fuera director de LAS PROVINCIAS y cronista de la ciudad, Francisco Pérez Puche, desgranaron en 'Valencia hacia la modernidad. Ignacio Pinazo y Javier Goerlich en diálogo' las principales razones por las que ambos autores fueron los impulsores de la modernidad. También participaron la presidenta del Ateneo Mercantil, Carmen de Rosa, y el jefe de Opinión de LAS PROVINCIAS, Pablo Salazar.

El salón Stolz de la institución se llenó para asistir a un coloquio que se suma a los actos conmemorativos del centenario de la muerte del pintor de Godella y que fue posible gracias a la colaboración del Ateneo Mercantil, la Casa Museo de Pinazo en Godella, la Fundación Goerlich y LAS PROVINCIAS.

El primero en abrir la charla fue Pérez Puche, quien celebró el «enfrentamiento intelectual e ilustrado» que iba a dar comienzo en apenas unos minutos. Aseguró que a ambos artistas les une «su amor por Valencia». «Cada uno, a su modo y a su tiempo, fue un gran enamorado de la ciudad. Pinazo se deja llevar por el espíritu de Valencia, reflejado en sus bosquejos. Goerlich, por su parte, siente otra clase de pasión. No es un arquitecto cualquiera y se sirve de todas las herramientas que tiene a su alcance como la de ser el responsable municipal de este ámbito para llevar a cabo su moderna arquitectura», afirmó el cronista. Tal es así, dijo, que el encargado del urbanismo de la capital fue el inductor de la renovación de una urbe considerada como medieval. «Este enamoramiento de Valencia es lo que les une. Ambos dejaron una huella para que después pudiéramos evocar su figura», aseveró.

Por su parte, Casar Pinazo enumeró las lazos de unión de ambos valencianos ilustres. Pese a no ser coetáneos, los dos, manifestó el bisnieto del artista, fueron capaces de «valorar lo local como un elemento de modernidad». «Pinazo renunció a ser pintor de corte en Madrid por vivir en Valencia. La ciudad también fue la opción vital de Goerlich», aseguró. De ambos, además, retrató su capacidad para valorar la sociedad y sus determinadas formas de vida. El primero, como un intuitivo precursor de movimientos artísticos como el realismo, el naturalismo o el impresionismo. El segundo, como el encargado de acoger esas necesidades sociales y trasladarlas la organización urbanística de la ciudad. Esa casi obsesión del pintor por trasladar la vida de los ciudadanos a sus lienzos posibilitó, en palabras del director del Bellas Artes, «que el Pinazo más libre fue el que se puede apreciar en sus obras de pequeño formato». «Él reprodujo los grandes paisajes sociales utilizando sus propios recursos. Construyó esa manera moderna de ver la realidad hacia esa sociedad a la que Goerlich dirigió su diligencia a la hora de entender la arquitectura», contó.

Otro de los aspectos que el bisnieto del genio resaltó como uno de los nexos entre ambos fue la capacidad pionera del artista de introducir los medios de transporte y comunicación en sus cuadros, de la misma forma que el urbanista se preocupó por mejorar el acceso y el transporte en las calles de Valencia. Esa disección de la realidad, la introducción del tiempo y la reformulación de los conceptos pictóricos fue otra de las novedosas acciones llevadas a cabo por el artista.

En ese instante, Casar Pinazo ejemplificó mediante la fotografía que ilustraba el Aula LP la relación establecida entre ambos pese a no ser compañeros de generación. Tras la destrucción del monumento a Pinazo tras la Guerra Civil Española -se cree que fue el vandalismo y el hecho de estar bajo un refugio lo que acabó con la escultura- el hijo del pintor, Ignacio Pinazo Martínez, realizó una obra para honrar a su padre, que fue instalada bajo la supervisión de Javier Goerlich, arquitecto municipal. «Es una instantánea muy entrañable. Goerlich fue el encargado de la ordenación del entorno para colocar la pieza en 1949», concluyó.

En este sentido, Andrés Goerlich, representante de la Fundación que lleva el nombre de este valenciano ilustre, manifestó que ambos autores «hicieron mucho para que Valencia fuera mejor». Para ello, tomó como referencia unas palabras de su tío abuelo para demostrar una de las máximas vitales del arquitecto: «construir la ciudad ideal formada por las obras más significativas que serán las que nos precederán».

Ese empeño por trabajar y dejar una sociedad mejorada de cara a las futuras generaciones fue común en ambos creadores. «Ambos entendieron lo que les rodeaba desde la perspectiva del contexto histórico del momento», dijo. «Fue el encargado de higienizar la ciudad. De asumir las ideas regeneracionistas. Pinazo, por su parte, fue el encargado de modernizar la pintura», afirmó.

También quiso resaltar la pasión de Javier Goerlich por el arte, capaz de crear, auspiciado por su mujer, Trinidad Miquel, un premio de pintura. «Reunió a los mejores artistas valencianos de la época en una colección que, después, donó al Museo de Bellas Artes», recordó. Tal es así, que los descendientes del arquitecto esperan poder reeditar el galardón para seguir mostrando «el compromiso de Goerlich con la pintura y el arte».

Otro ejemplo más de las coincidencias vitales y artísticas de dos personajes que, insistieron los ponentes, antepusieron su tierra y sus ganas de vivir en ella, a la opción de triunfar en el exterior. En ese instante, el jefe de Opinión de LAS PROVINCIAS interrogó a los expertos con una clara alusión a la decisión tomada por ambos artistas de quedarse en la Comunitat. «Nos quejamos cuando se van pero los apreciamos más cuando se marchan», aseguró. «No queremos comprender que dos personas que teniendo la posibilidad de triunfar renuncien a ello porque no les interesa», contestó Casar Pinazo. «Debemos distinguirles el mérito de haber preferido estar en paz consigo mismo que de haberse marchado», apostilló Pérez Puche.

Un público entregado, entre el que se encontraban los consejeros de la empresa editora de LAS PROVINCIAS, Gonzalo Zarranz y Guillermo Zarranz Burriel; el decano de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana, Federico Martínez Roda; y su antecesor, Enrique de Miguel, y distintas personalidades de la vida social y cultural valenciana, se interesó por demostrar la necesidad de poner en valor a ambas figuras, esenciales para entender la historia valenciana de los siglos XIX y XX.

Este hecho hizo que los descendientes de ambos autores mostraran su compromiso por mantener el legado de estos impulsores de la modernidad. Como muestra, Casar Pinazo insistió en el carácter visionario de un pintor que, sin apenas haber salido de la región, fue capaz, de forma intuitiva, de adelantarse a otros maestros como Degas o Renoir. «Esa capacidad fue intuitiva. Hasta el pintor Emilio Sala le ofreció que se marchara a París. Pero no quiso y, desde su pequeño huerto en Valencia, fue capaz de trazar unos esbozos como lo hicieron los impresionistas», aseveró.

La presidenta del Ateneo, Carmen de Rosa, resaltó la importancia de unos creadores modernos y «transversales» que se preocuparon por «hacer ciudad». No hay que olvidar que, en el caso de Goerlich, fue el responsable de la Valencia que hoy conocemos, con la alineación de calles como San Vicente y la apertura de María Cristina, la Avenida del Oeste y Poeta Querol. Pinazo, por su parte, fue un artista social, interesado por la vida cotidiana de los ciudadanos.

Tanto los expertos como los asistentes abandonaron tras casi una hora y media de coloquio un Aula LAS PROVINCIAS que sirvió para poner en valor la vida y obra de dos genios de la modernidad sin los que no se puede entender la historia de Valencia, la capital que, a través de sus creaciones, dio el paso a la modernidad.