Las Provincias

Román confirma su leyenda de valiente en Madrid

Román, frente a un Fuenteymbro en Madrid.
Román, frente a un Fuenteymbro en Madrid. / JAVIER ARROYO / APLAUSOS
  • El valenciano logra impactar con dos faenas en las que mantuvo en vilo al público y a los médicos

Román, en su vuelta a Las Ventas, reconfirmó su condición de torero valiente. No hay mejor sitio para ello. Y si aceptamos que todos los toreros son valientes, habría que añadir que el valenciano se mostró al más alto nivel en el termómetro del valor, justo por allá por donde se fraguan los toreros de feria, territorio reservado sólo a unos pocos privilegiados. Lo logró sin aparente esfuerzo, sin perder la sonrisa, con naturalidad, como si le importase nada, al menos esta vez, aquel juego de vida o muerte al que se sometió.

Cortó una oreja de su primero, pudo cortar otra de su segundo si se hubiese ahorrado un pinchazo previo a un estocada de ley en la que tuvo que superar dos pitones tremendos de un encastado fuenteymbro que se había refugiado en terrenos de chiqueros dispuesto a no regalar nada así se tratase de Román un tipo que compagina bravura e ingenuidad y cae especialmente bien allá por donde pasa. Pero por encima de los trofeos, Román se vuelve a Valencia reafirmado en su condición de futurible y con el reconocimiento del público de Madrid al que en diversos pasajes de su actuación logró acongojar.

Fueron dos faenas de mucha firmeza a dos toros encastados y exigentes, nada fáciles. El primero embestía con fuerza, pronto y bien, con vibración, hasta que sobrepasaba los muslos del torero y se revolvía con fiereza, tal que supiese que se había dejado la presa atrás. Lo hacía seguido y fuerte, cada vez más cernido y en esa reiteración radicaba su principal dificultad. Te cercaba, te agobiaba, te amenazaba. No le dio importancia Román que se quedaba firme y anclado, de tal manera que cada vez que el toro pasaba era como echar una moneda al aire ¡lo coge, no lo coge, lo coge.! desafío que acongojaba a la plaza entera a excepción de Román que permanecía impasible, haciendo valer sus cartas, haciendo aquello que había venido a hacer, demostrar que tiene sitio en las ferias. Repitió actitud en su segundo, otro fuenteymbro de embestidas fuertes y repetitivas, que eligió los terrenos de chiqueros donde fue a buscarle Román con la misma disposición que en el anterior.

Por todo ello, la plaza de Madrid se le entregó con fuerza, le aplaudió en la despedida y se quedó con ganas de volverle a ver, que era otro de los objetivos que había manifestado el valenciano en las horas previas. Por todo ello, la prensa le dedicó emotivos titulares reconociendo su valor en una coincidencia absoluta y muy esclarecedora. En resumen, tuvo la puerta grande a mano, entreabrió el portón de la enfermería a cuyos doctores mantuvo en vilo en las dos faenas y abrió de par en par la puerta de la temporada próxima.