Las Provincias

Keri-Lynn Wilson, en Les Arts, cuya primera mujer en dirigir a la orquesta fue Xian Zhang. :: i. marsilla
Keri-Lynn Wilson, en Les Arts, cuya primera mujer en dirigir a la orquesta fue Xian Zhang. :: i. marsilla

«Sin público joven, la ópera se extinguirá»

  • La canadiense, que acaba de inaugurar la pretemporada de Les Arts con la ópera 'L'elisir d'amore', asegura que «un mal batuta puede destruir una orquesta»

  • Keri-Lynn Wilson, Directora musical

'L'elisir d'amore', estrenada en Milán en 1832 y situada entre las cien obras más representadas del mundo, acaba de inaugurar la pretemporada en Les Arts. Al frente de la orquesta se sitúa la canadiense Keri-Lynn Wilson. No debuta en Valencia, dado que visitó el coliseo en 2007 para dirigir un concierto. Ahora se vuelve a encontrar con la orquesta de la Comunitat, para la que sólo tiene elogios.

El escenario en la dirección orquestral está lejos de la paridad entre sexos. Se calcula que sólo un 10% de mujeres toman la batuta. Este dato es ¿para darle a usted la enhorabuena por haber llegado hasta aquí o para alzar un lamento por lo que queda por recorrer?

Puede felicitarme porque he llegado a un nivel importante en los teatros de ópera, es decir, para mí es un orgullo estar en Les Arts de Valencia. No sé cómo he llegado hasta aquí más allá de que sólo hago mi profesión porque la música es mi pasión, pero no es relevante que yo sea mujer. Cada director de orquesta tiene unos movimientos físicos; los de una persona son diferentes a otra pero no por el hecho de ser hombre o mujer.

Pero los directores de orquesta mayoritaria y tradicionalmente son o han sido varones...

Sí, como en otras áreas, pero todo está cambiando. Las profesiones que conllevan autoridad, como la presidencia de gobierno, recaían en hombres, pero ahora empiezan a abrirse caminos las mujeres, por ejemplo, está la candidatura de Hillary Clinton a la Casa Blanca o Angela Merke que es canciller alemana.

El concierto de Año Nuevo nunca ha sido dirigido por una mujer. ¿Eso es machismo?

(Silencio) No es una cosa que me interese. Yo ya he dirigido la orquesta de Viena, que tiene mujeres entre los músicos, y es fantástica. Con esto tengo suficiente.

Usted vino a Valencia por primera vez en 2007. ¿Ha notado diferencias en la Orquesta de la Comunitat?

Sí, se ha desarrollado mucho. Ahora es una orquesta muy, muy buena. Es una de las mejores de Europa y dirigirla es un sueño para cualquier director. Cada uno es muy virtuoso, pero además la orquesta tiene muy buen oído para los cantantes, se acoplan muy bien a los solistas y es una cualidad de la que no gozan todas las orquestas, que a veces son buenas técnicamente pero descuidan otros aspectos. Todo lo que musicalmente deseo lo puedo hacer con esta orquesta.

Ahora está al frente de 'L'elisir d'amore'. ¿Hay diferencias entre dirigir un concierto y una ópera?

Sí, muchas. Para un concierto, la concentración se basa al 100% en la música. En una ópera, hay numerosos elementos a controlar como director: la música, el coro, los intérpretes, la organización... Es mucho más complicado, pero más fantástico. Me gusta buscar el equilibrio, es decir, combinar las dos modalidades.

¿Cómo afronta la dirección de la pieza de Donizetti?

Es la segunda vez que me enfrento a esta ópera. La dirigí hace años en Bari (Italia), también a orillas del mar. Es una partitura que llega muy fácilmente al público. Es un título alegre y optimista.

La dirección de escena de la reposición de 'L'elisir d'amore' recae en una mujer, Eleonora Gravagnola?

Trabajo igual si es una mujer, un hombre, una persona blanca, china o negra... Depende del carácter y la profesionalidad.

El público de la ópera es mayoritariamente mayor, de edad avanzada. ¿Hace peligrar el futuro de la ópera? ¿Se extinguirá?

Sí, sin público joven no habrá ópera. Los auditorios de todo el mundo están copados por melómanos de una edad considerable. Hay que trabajar mucho el contacto con los jóvenes para evitar que la cultura sea algo antiguo o prehistórico. Si la cultura no está dentro de casa por los motivos que sean, debe estar en las escuelas, es decir, que forme parte de la educación de los jóvenes.

Es fácil comprender que un niño quiera ser músico o cantante, pero resulta más difícil que desee ser director de orquesta. ¿Cómo lo descubrió usted?

De pequeña tocaba la flauta, el violín y el piano y luego acudí al conservatorio. Desde los 10 años estoy dentro de una orquesta, veía al director y pensaba; 'wow, quiero hacer eso'. Por la Orquesta Juillard de Nueva York pasaron los mejores batutas y yo deseaba ser como ellos. A los 22 años lo tenía claro: quería ser directora.

-¿Quiénes son ahora los grandes maestros?

-¡Qué difícil! Respeto a numerosos directores en función del repertorio, como Riccardo Muti con Verdi, y James Levine, Wagner.

¿Con qué compositor usted no tiene rival?

No puedo contestar a esta pregunta. Para mí es un placer dirigir 'Lady Macbeth', de Shostakóvich; 'Don Carlo' u 'Otello', de Verdi; y las sinfonías de Mahler, pero también me gusta Wagner y Godunov. Es difícil elegir.

¿Un director puede hacer sonar bien cualquier orquesta de altura?

-No, no vale cualquiera. Un mal director puede destruir una orquesta. Si da una entrada errónea, los músicos pueden hacer dos cosas: respetar la mala decisión de la batuta o entrar cuando realmente toca e ignorarlo.

¿Suele pasar que los músicos ignoren las directrices de un director?

En ópera, sí, porque escuchan a los cantantes y entonces se acoplan a las voces del escenario. En estos casos, los integrantes de la orquesta respetan más a la música que a la batuta, si es un mal director, porque la música está por encima de todos.