Las Provincias

El arte de la guerra

Arapiles. Recreación de la batalla de 1812 cerca de la ciudad de Salamanca.
Arapiles. Recreación de la batalla de 1812 cerca de la ciudad de Salamanca. / LP
  • La reconstrucción de batallas ha arraigado en la Comunitat y atrae a un público muy numeroso de la mano de una veintena de grupos especializados

  • Asociaciones recreacionistas reviven la historia en un fenómeno convertido en filón turístico

En un momento arman la de San Quintín. Y la desarman. Tras el fragor de la batalla no quedan ni los muertos, que se levantan y sacuden el polvo de sus guerreras. Con todo el esmero del mundo, que el año que viene hay que volver al ataque y un uniforme en perfecto estado de revista es el primer orgullo de un buen soldado. Porque gran parte del disfrute de quienes dedican su ocio -y dinero- a participar en la recreación de hechos históricos está precisamente en presumir de indumentaria. Entre nosotros es aún algo novedoso, pero en los países anglosajones la escenificación de batallas es desde el centenario de la Guerra de Secesión un fenómeno cultural con legiones de aficionados que se alistan para combatir donde surja la ocasión y se organizan en asociaciones perfectamente pertrechadas para el duro combate y la acción.

Lo saben muy bien en la Comunitat Valenciana, donde ya hace once años representaron la primera y más grande recreación histórica. Fue la batalla de Castalla, en Alicante, donde las tropas españolas lucharon contra miles de franceses allá en el 1813. Para la ocasión la Asociación Napoleónica Valenciana reunió a más de 400 participantes de once países diferentes, con sus uniformes y sus armas de la época napoleónica, acompañados de treinta jinetes y seis piezas de artillería, para recrear con la mayor exactitud posible aquella gran guerra. El municipio retrocedió en el tiempo dos siglos atrás, durante dos jornadas completas, para el asombro de 20.000 espectadores que acudieron a ver el espectáculo. «Ahora los ayuntamientos se están dando cuenta de que somos un reclamo turístico que reporta beneficios económicos y culturales al municipio», alega el presidente de la Asociación Napoleónica, Joaquín Blasco.

En la Comunitat existen una veintena de grupos de recreación de número reducido. El que está al mando de Blasco es grande y es uno de los pioneros no sólo en la región sino también en España. Al principio recreaba la época napoleónica y ahora se ha ampliado a otras etapas de la historia como la románica, medieval, y del siglo XVI al XVIII. «Nos llaman de otras comunidades a nivel nacional e internacional. A pesar de estos años de crisis la actividad se está asentando más que nunca y tenemos la agenda completa», explica el presidente.

Otra de las asociaciones valencianas con mayor número de afiliados es la de Amigos del Museo Histórico Militar de Valencia. «Nosotros no jugamos a soldaditos, enseñamos a la gente de manera rigurosa de dónde vienen, su historia», declara su presidente Javier Planells.

Cuidados uniformes

Este año han vuelto a expulsar a los franceses, los moriscos o a los republicanos de España. Y, de nuevo, con la infantería llena de apasionados de la historia dispuestos a armarla intentando sumar horas de batalla, dejando trabajos y familias a un lado, para subir de rango y cambiar de chaqueta. Todo sea por la causa.

«Las asociaciones tenemos perfectas réplicas de los uniformes que llevaba el regimiento de Valencianas, además de todo lo necesario para el despliegue en el campo de batalla y la instalación de los campamentos militares», explica Blasco, quien es muy cuidadoso al hablar de la indumentaria del empecinado guerrillero. No hay mayor agravio para un recreacionista que insinuar que va disfrazado. Por menos retan a uno a un duelo. «Nos lo tomamos muy en serio. Al principio empleábamos dos años en preparar un batalla y poco a poco hemos conseguido organizar en meses auténticos combates. La gente puede unirse a la asociación siempre y cuando realice un curso de formación, para aprender tanto los movimientos como la utilización de armas. Porque llevamos artillería de verdad y no queremos que nada ni nadie se dañe. Llevar los trajes compuestos de 24 piezas, 7 tejidos distintos y 103 botones, no es nada sencillo tampoco», subraya. La vestimenta, más los complementos, llegan a costar más de 2.000 euros. Por eso los guardan y cuidan cual tesoro robado.

Esta cuidadosa y detallada mirada a la historia también es cosa de familias. Los niños empiezan de tamborileros y van ascendiendo según crecen. Y las niñas también, aunque tal y como aseguran a LAS PROVINCIAS hay asociaciones en España que prohiben la presencia de mujeres al ser «demasiado puristas». En la Comunitat ellas participan. Pueden adoptar otros papeles como el de cantinera, pero la mayoría va de soldado. Infiltradas, vestidas de hombre para atacar al enemigo.

De rareza a 'boom'

En muy poco tiempo en España estos eventos han pasado de ser una rareza a convertirse en una industria que, según algunas estimaciones, genera ya alrededor de cien millones de euros al año y está alimentada por cerca de 150 asociaciones nacionales.

Un claro ejemplo es la batalla de Almansa que estos últimos diez años ha aumentado el turismo en el municipio. «Para nosotros es una de las grandes batallas porque el general Marco, uno de los líderes de las tropas austracitas valencianas que recreamos era de Algemesí, donde está nuestra sede. La mayoría de personas que acuden son de la Comunitat. Es un público que ya ha captado la esencia de las batallas históricas», informa Blasco.

Por eso las asociaciones valencianas amplían sus actividades y no sólo recrean batallas, también se dedican a montar campamentos y mercados medievales con talleres, en el caso de la Napoleónica, u organizan un museo vivo con jornadas de recreación histórica de dos mil años de historia. Este último es el caso de los Amigos del Museo Histórico Militar que lamentan que las instituciones ya no cedan desde el año pasado un espacio como es el del cauce del río Turia para realizar estos eventos. «Durante muchos años en el río se libró la II Guerra Mundial a la que muchísima gente acudió. Ahora las jornadas las tenemos que realizar en el propio museo», reivindica Planells. Pero nada frena a estas tropas que ya están preparando el próximo asalto.

El 30 de octubre un hecho histórico para la región vuelve de la mano de Blasco y sus filas. La expulsión de los moriscos en 1602, en Cortes de Pallás, reunirá a más de 50 participantes para recrear el hundimiento de una fortaleza natural inexpugnable. Y el 3 de diciembre el foco estará en Chulilla, que retrocederá hasta 1839 y allí estará el regimiento capitaneado por Planells para lidiar la batalla Carlista que supuso la destrucción del castillo del siglo XV.

Y si además se les reclama desde Normandía se van; y si deben acudir a reforzar el frente alemán, también. Porque en el extranjero está afición nace décadas atrás, aquí en España llegó más tarde pero ha venido a quedarse. Las tropas valencianas no han sido derrotadas, ahora son las nuevas generaciones interesadas, las que están tomando el relevo. Decididamente, hay quien se apunta a un bombardeo.