Las Provincias

La voz resistente

  • Anise Postel-Vinay fue detenida por la Gestapo cuando tenía 20 años. En este libro narra su paso por el campo de Ravensbrück

La bibliografía sobre la vida en los campos de concentración durante los años centrales del siglo XX no para de crecer. Los horrores vividos en lugares como Auschwitz, Dachau, Buchenwald y Bergen-Belsen en un lado y Kolymá y el amplio complejo del Gulag en el otro forman el mapa europeo de la vergüenza y la indignidad y muestran a las claras hasta dónde puede llegar el ser humano. Cuando Hobbes escribió aquello de que el hombre es un lobo para el hombre se equivocó en su apreciación: los lobos son criaturas que, si alcanzaran algún día capacidad de raciocinio, se espantarían al ver lo que los seres humanos hemos inventado para terminar con nuestros semejantes después de haber acabado con todo lo que en ellos había de humano.

Anise Postel-Vinay tiene 94 años. En 2015 asistió al solemne acto de acogida de las cenizas de varios de los miembros de la Resistencia en el Panteón de París. Allí, en su discurso, el presidente Hollande la citó expresamente. Porque Postel-Vinay formó parte de ese grupo que se opuso a la ocupación nazi y pagó por elló. Detenida en 1942, cuando solo tenía 20 años, pasó casi todo el resto de la guerra en el campo de Ravensbrück. Ahora publica sus memorias, en colaboración con Laure Adler, una periodista y biógrafa que ha ocupado cargos importantes en la Administración francesa. En este volumen, con un lenguaje sencillo y carente de cualquier exceso melodramático, da cuenta de cómo fue su participación en los grupos clandestinos que surgieron cuando Pétain se puso del lado de los alemanes con la coartada de salvar a su país. Sin embargo, Postel-Vinay no tuvo oportunidad de hacer grandes cosas para la Resistencia porque fue detenida muy pronto y enviada a Ravensbrück junto a otras mujeres que también habían combatido a su manera a las fuerzas de ocupación.

La mayor parte de este breve relato la ocupa la descripción de la vida en el campo: la selección de las presas por médicos y guardianes, el destino de quienes enfermaban, el trabajo diario, el ejercicio de protección de las más débiles, la muerte que llegaba inexorablemente, la liberación y el complejo de culpa de quienes sobrevivieron al horror por no haber perecido en el campo como tantos...

'Vivir' es un libro de memorias que responde precisamente a su título: porque las mujeres que estaban en Ravensbrück lo que querían era vivir para poder contar lo vivido y seguir luchando contra la injusticia y la barbarie. Hay detalles históricos relevantes, fechas y nombres que llamarán la atención de los lectores, como Geneviéve de Gaulle-Anthonioz, sobrina del general que luego fue presidente de la República, o Margarete Buber-Neumann y Samuel Beckett, que tiene una fugaz aparición, casi un 'cameo', aunque muy agradecido por lo que supone.