Las Provincias

Los reclamos de los museos de Valencia

Los reclamos de los museos

  • Las pólizas de seguro de las piezas más caras del IVAM ascienden a 23 millones de euros

  • Obras de Sorolla, Julio González o Picasso son las más valiosas en las colecciones valencianas

La reputación y fama de un museo puede medirse por sus cuadros y esculturas. Obras internacionalmente reconocidas cuyo nombre se encuentra directamente ligado al de la pinacoteca que las acoge. Una visita a la National Gallery de Londres permite contemplar creaciones de la relevancia del 'Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa' de Van Eyck o 'Diana y Acteón' de Tiziano. Cualquier amante del arte reservaría un hueco en su viaje a París para contemplar en el Louvre 'La Libertad guiando al pueblo' de Delacroix, como también buscaría rápidamente 'El nacimiento de Venus' y 'La primavera' de Boticelli al llegar a la Galería Uffizi de Florencia. La importancia del Prado probablemente no sería la misma si no contara en su haber, entre otras, con 'Las Meninas', con el 'Cristo crucificado' de Velázquez y con 'El jardín de las delicias' de El Bosco.

Los museos valencianos también pelean para ser referentes en el panorama artístico y algunas de las piezas que albergan lo avalan. El precio de entrada a un museo no siempre se corresponde con el valor de sus colecciones. En este sentido, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) reivindicó su posición hace unos días, subió el coste de su entrada para igualarse con otras galerías nacionales como el Museo del Prado, el Centro de Arte Reina Sofía o el Guggenheim de Bilbao.

¿Cuáles son las piezas más valiosas de las colecciones valencianas? Desde el IVAM señalan como la obra más cara de sus fondos, 'Mujer ante el espejo' del artista Julio González. Adquirida en 1985, es una de las piezas más relevantes de la carrera de este autor. La pinacoteca, depositaria de gran parte del trabajo de González, cuenta con otras valiosas pinturas y esculturas, como 'Prometeo estrangulando al buitre', del escultor lituano Jacques Lipchitz, adquirida por el museo en el año 2005. También 'Clavos', fruto del talento del americano James Rosenquist comprada en enero de 1990 y 'Sin titulo/Torre de vigilancia', un cuadro del alemán Sigmar Polke que cuelga en los muros del IVAM desde marzo de 1996.

La Fundación Bancaja guarda en su colección privada dos ejemplos de valioso arte español, aunque ninguno está a la vista del público. Entre sus fondos se encuentra 'Triste herencia', una de las creaciones más cotizadas de Sorolla, que muestra una imagen cotidiana de la Valencia del siglo XIX en la que niños enfermos eran llevados a tomar baños medicinales para aliviar sus males y responde a la visión de la sociedad de la época, que asumía que algunas enfermedades infantiles eran consecuencia de la conducta impúdica de sus padres.

La Fundación cuenta también con una de las series de la conocida 'Suite Vollard' del malagueño Pablo Picasso. Este conjunto de grabados fue promovido por Ambard Vollard, uno de los marchantes más activos e importantes en la difusión en los mercados internacionales de la obra del artista español.

El visitante puede contemplar en el Museo de Bellas Artes pinturas renacentistas y barrocas como 'La flagelación de Cristo', de Vicente Castelló, el 'Retablo de San Martín, con Santa Úrsula y San Antón', de Gonçal Peris Sarrià y el 'Ecce homo', de Juan de Juanes, elegidas por la propia pinacoteca a petición de LAS PROVINCIAS como sus piezas más valiosas. También obras decimonónicas como 'Ignacito sentado', de Ignacio Pinazo, donada al museo en 1935 o la 'Procesión de niños', de Mariano Benlliure, propiedad del Ministerio de Cultura y cedida a la pinacoteca en el año 1967.

Así, la escuela flamenca de Bouts con su 'Tríptico de la pasión' y el 'Cristo después de ser azotado' de Mabuse, junto al manierismo de El Greco en su 'Adoración de los pastores' se erigen como representantes más valiosos del Colegio del Patriarca, según fuentes del propio centro. La adquisición de estos trabajos se remonta a la fundación de la institución. «Por el inventario de los bienes de San Juan de Ribera sabemos que las tres obras le pertenecieron y las legó a la institución como heredero único. No obstante, desconocemos cómo las adquirió el Santo. La tradición cuenta que el Tríptico de la Pasión fue donación de su padre, don Perafán de Ribera», explica Salvador Ferrando, responsable del archivo de la pinacoteca.

El criterio económico es el elegido por estos museos para seleccionar sus obras más cotizadas, aunque no todas determinan el valor concreto de las piezas. Por ejemplo, el IVAM atiende a las pólizas de seguro para marcar su tasación. Los de las más caras ascienden en total a 23,5 millones de euros, de los cuales 15,5 pertenecen al de la escultura de Julio González. 'Prometeo estrangulando al buitre' (3 millones de euros), 'Concepto espacial' (2 millones), 'Nails' y 'Sin título/Torre de vigilancia' (1,5 millones cada una) completan la nómina de pinturas más valiosas de la pinacoteca dirigida por José Miguel G. Cortés.

Aunque otras salas de la ciudad conocen cuáles son sus objetos de arte más valiosos económicamente, es una difícil tarea fijar el precio de sus piezas más cotizadas. Las causas son diversas ya que, como afirma José Luis Martínez, gestor cultural y exprofesor de Museología en la Universidad Miguel Hernández de Elche, «hay que distinguir entre el valor económico y el icónico de una escultura o un cuadro para el propio museo». Además, «cuantificar su valor es muy complicado», dado que «cada una es única e irrepetible», explica Juan García Sandoval, museólogo y crítico de arte. Según este experto, solo podría conocerse el precio de algunas obras modernas si han sido adquiridas mediante una subasta pública. Pero el precio alcanzado en una puja tampoco es totalmente fiable: «el valor de un objeto de arte no se puede cuantificar respecto a su precio en una subasta, es un importe muy variable», aclara García Sandoval.

Una situación que se repite en otras pinacotecas de renombre, como el Museo Reina Sofía de Madrid. «Las grandes producciones de la colección, las más valiosas, los iconos, por ejemplo el 'Guernica', no tienen precio, ni han sido ni serán tasadas y como seguro cuentan con la garantía del Estado», afirma Concha Iglesias, responsable de comunicación de la institución madrileña.

Realmente, no es posible calcular el valor de un cuadro o una escultura a partir del momento en el que forma parte de la colección de un museo, «ya que deja de estar fuera del mercado y su precio no se actualiza», según Martínez. Aún así, el precio de subasta es la única referencia directa de cotización de una pieza en el mercado. Como indica Juan Varez, managing director de la casa de subastas inglesa Christie's, «el hecho de que un museo adquiera una obra significa que es valiosa». «Las más reconocidas siempre van a ser un valor seguro porque son escasas», sentencia Varez.

Además, el precio que un cuadro puede alcanzar en una puja no está directamente condicionado por su calidad artística. En el caso de trabajos de Sorolla, «el comprador busca escenas de mar». Tal y como explica el responsable de la casa inglesa, «algunos lienzos de gran calidad del artista valenciano han sido vendidos por mucho menos dinero por no estar ambientados en una playa».

Para el cliente «no es lo mismo una escena marítima que una interior», concluye Varez. Además, «que el producto pueda ser exportado a mercados internacionales que le abran las puertas a nuevos clientes es también un factor importante», subraya el managing director. El valor, por tanto, dependerá del momento concreto en el que se produzca la puja y en el interés que suscite el artista en el mercado en el que se pretenda poner a la venta la pieza en concreto.

Por ejemplo, aunque la 'Suite Vollard' no está tasada oficialmente por la Fundación Bancaja, su valor rondaría el millón de euros, atendiendo al precio individual de venta de algunos de los grabados que la forman. En palabras de Varez, el valor máximo que ha alcanzado esta obra en el mercado de las subastas fue de 4.160.000 dólares en una puja realizada en Londres en 2013. La misma serie del autor alcanzó, sin embargo, los 2.419.000 dólares en una anterior celebrada en 2012.

El precio de una obra, por tanto, puede modificarse sustancialmente en el transcurso de un año.

En definitiva, el valor económico de un cuadro no está realmente condicionado por su valía artística. «Hay pinturas en el museo del Colegio del Patriarca que son icónicamente valiosísimas pero con una cotización bajísima en el mercado», aclara José Luis Martínez. «La misma escena se puede subastar de forma muy diferentes dependiendo del momento histórico. Aún así, las piezas de calidad no se ven afectadas por la crisis, incluso se pueden revalorizar», concluye Varez.