Las Provincias

Un violín contra las injusticias

Un violín contra las injusticias
  • «La música no puede parar las guerras, pero sí sensibilizar a la gente», sostiene un intérprete que ve difícil «ablandar el corazón de los políticos»

  • Ara Malikian recala el domingo en Valencia con una de las últimas citas de su gira '15'

«El público valenciano es muy exigente. No le puedes ofrecer cualquier cosa. La tradición musical de esta tierra hace que siempre tengas que dar lo máximo», asegura el violinista Ara Malikian en clara alusión al concierto que el próximo domingo ofrecerá en la plaza de toros de Valencia. La actuación es una de las últimas cinco citas de su gira '15', donde repasa sus últimos años de trayectoria musical.

«Con estos conciertos quiero agradecer a la gente todo lo que me ha enseñado a lo largo de estos años», afirma a LAS PROVINCIAS antes de insistir en que siempre busca que el público se implique en el espectáculo, que no sea un mero espectador sentado en la butaca. «Tenemos que inspirar a la gente. Cuando estoy en el escenario, me esfuerzo en cuerpo y el alma. Hacer feliz a la gente es mi primer objetivo cuando doy un concierto», asevera.

Pero si algo es Ara Malikian es reivindicativo. Bueno, lo es junto a su violín. «Yo he sido un refugiado», ha repetido en numerosas ocasiones para visibilizar una realidad que el armenio ya nacionalizado en España vivió en su adolescencia. De ahí que su instrumento sea su arma más personal contra las injusticias. «Es un deber conciencia a la gente. Yo intento visibilizar las injusticias humanitarias. Es nuestro deber recaudar apoyos y ayuda. Vivimos en un momento en el que se dan muchas causas injustas», manifiesta. Por ello, confiesa, no sólo la música «sino el arte en general» son necesarios para sensibilizar a las personas. «La música no puede parar las guerras, pero sí tiene el poder de imponer el sentido común», dice con seriedad. Sin embargo, y aunque el refranero popular asegura que la música amansa a las fieras, ¿puede ablandar el corazón de los políticos? «No lo sé. Es difícil. Pero deben saber que el arte y la música son un idioma común. A través de ellos nos entendemos todos los pueblos», argumenta.

Su particular imagen le ha convertido en un violinista reconocido, algo que no suele pasar con muchos de sus compañeros de profesión. Aunque Malikian insiste en que su vestuario, su pelo alocado y su personal manera de pisar un escenario no es algo premeditado ni pretende romper ningún tipo de barreras. «Yo soy así. Hubo un momento en el que me esforzaba por no ser yo mismo y me ponía un disfraz para encajar en la música clásica. No era mi yo natural y no estaba a gusto. Así que decidí ser yo, con mi forma de vestir y de tocar. Y ahí fue cuando mejor puede expresar mi arte. Ahí encontré mi voz», narra.

Por ello, no es difícil que en el espectáculo sinfónico que le trae a Valencia entremezcle composiciones de Bach con otras de Led Zeppelin. «La música culta no es solo la clásica. No entiendo por qué no se puede combinar», asevera mientras se sigue mostrando modesto en lo referente a su cada vez mayor éxito. «Nunca pienso si lo he alcanzado o no. Es muy peligroso para un artista pensar en ello. Sabemos que el éxito puede desaparecer si un músico no trabaja. La fama es muy peligrosa para los artistas. Si te lo crees y luego no lo tienes o lo pierdes, puedes entrar en una depresión», afirma con rotundidad.

Algunos pueden pensar que cerrar una gira con sólo cinco actuaciones puede sonar a despedida. No es así. Malikian terminará '15' el próximo 18 de septiembre en Zaragoza para después marcharse a Latinoamérica. Después, en noviembre, presentará un nuevo disco con composiciones propios. Y tras el álbum, una nueva gira. «Repasaré los 1.300 años de la historia del violín, que es mucho más interesante que mi historia», bromea el interprete. Sin embargo, y mientras llega su próximo trabajo, sus seguidores valencianos tendrán la oportunidad de disfrutarlo el domingo en el coso de la calle Xàtiva. Eso sí, con su mejor arma: un violín que dispara melodías contra las injusticias.