Ana, Nuri y María Luisa

«Los vecinos te ayudan pero has de demostrar que vienes a trabajar»

Las tres vecinas pasean por la carretera que atraviesa la pedanía. /Txema Rodríguez
Las tres vecinas pasean por la carretera que atraviesa la pedanía. / Txema Rodríguez

El azar une a tres mujeres de distinta procedencia en un lugar remoto al norte de CastellónAna, Nuri y María Luisa

La carretera nos lleva hasta El Boixar, una pedanía de La Pobla de Benifassà, en pleno parque natural de la Tinença. Un bar. Eje de la vida de estos municipios. Tan pequeño que caben dos mesas. Detrás de la barra, Ana, cubana de pelo rubio que lleva, junto a su marido gallego, poco más de un año viviendo aquí. Tan gallego que apenas se le escuchan algunas palabras sueltas. «Yo compenso, porque no paro de hablar», dice Ana, que prepara en un momento unas chuletas maravillosas. Qué diferente a La Habana de la que salió. «Hay que ganarse la vida -dice- y si hace frío, te vistes como una cebolla». No echa de menos el calor, sino a su madre, «que está viva todavía». Y se calla, pero parece que aquí ni siquiera hay mucho lugar para las emociones. Al menos se ha podido traer a su hijo, que tuvo muy joven, con 17 años. Vive con ellos.

¿No hubo recelos al llegar? «Todos, yo solamente rezaba para que no se rompiera nada, que nada desapareciera, porque seguro que los culpables hubiéramos sido nosotros». No hay acritud en sus palabras, sin embargo, y se nota, después del tiempo pasado, totalmente integrada en esta aldea en la que ahora mismo apenas viven de seguido siete personas. «Si ven que trabajas, que te mueves, que no has venido a vivir del cuento, te ayudan. Pero te lo tienes que ganar». Su marido ayuda en la vaquería, ella en el bar. Cultiva un huerto. Tiene conejos, gallinas. Lo reconoce: «Soy diabética, aquí me pagan los medicamentos, en Valencia me hubiera muerto y así se lo dije al médico».

Población de El Boixar

16
habitantes (2016)
Distancia
128 km de Castellón
Altitud
1.089 metros

Entra Nuri, oriunda de El Boixar, que se marchó a La Sénia con diez años. Transcurrido el tiempo ha vuelto, pasa largas temporadas y admite que aquí se siente feliz. Aunque reconoce que ganarse la vida en esta zona es una tarea complicada, ahora disfruta de la paz que recordaba de pequeña. La acompaña María Luisa, propietaria de un bar en Sant Jordi, tan enamorada de El Boixar que busca comprar una casa en plena montaña pasa su mes de vacaciones. «Mi mente se vacía». Vienen a buscar a Ana para ir a andar antes de que se haga de noche. Cada una por un motivo distinto, han acabado compartiendo paseos y confidencias.

Ahora a Ana le preguntan si tiene leña suficiente en casa para pasar el frío invierno. Y en fiestas hizo mojitos para 150 personas. «Pero de los de verdad, de los que se hacen en La Habana». Pregunto a su marido, que mira la televisión en una esquina. «¿Le gustaría visitar Cuba?» Encoge los hombros.

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