Vandalismo, robos y trapicheo en Tres Forques

Una joven, de espaldas, en la zona deportiva que jamás pisa de noche. / Irene Marsilla
Una joven, de espaldas, en la zona deportiva que jamás pisa de noche. / Irene Marsilla

Los residentes se quejan del consumo de alcohol y marihuana en la plaza de Maguncia o de las fiestas en el parque en plena madrugada Vecinos del barrio exigen más patrullas policiales tras una brutal agresión

J. A. MARRAHÍ Valencia

Evidentemente, Tres Forques no es el Bronx. Y tampoco sufre una situación tan degradada como algunas zonas del Cabanyal. Pero la brutal paliza a un hombre vinculada a pandilleros del barrio es la punta visible más violenta de un «escenario de inseguridad» al que se refieren vecinos consultados por LAS PROVINCIAS. Hablan de vandalismo, robos a personas mayores, pintadas, trapicheo, consumo de marihuana en la calle, absentismo escolar, botellón y música insoportable hasta altas horas. Es la huella de pandilleros y delincuentes comunes que merodean por la zona en busca de la cartera, la joya en cuello de anciana o las huchas de Cáritas de los comercios.

La calle Santa Cruz de Tenerife, escenario de la brutal agresión, enlaza dos zonas residenciales muy humildes: la del bloque de Virgen de los Desamparados, más próxima a la avenida del Cid, con las mil viviendas de los años 70 que conforman el grupo Antonio Rueda, ya recayente a Tres Forques. Y en medio, el entorno de la plaza de Maguncia, con sus canchas deportivas a las puertas de una biblioteca municipal. Llama la atención la ausencia casi absoluta de comercios en este tramo y también la proximidad a la sede central de la Policía Local, cuyo edificio da la espalda a la barriada.

Allí, paseando por un parque inundado de pintadas y en mal estado de conservación, nos encontramos con Ángeles Coronado, de 66 años. «Hace unos años me atracaron dos con una moto y me arrastraron por el suelo. No quise soltar el bolso y acabé con una importante lesión de rodilla», lamenta. «Esto ha ido a peor y hace falta que patrulle más la policía para prevenir las peleas o agresiones».

«Este verano me robaron el teléfono móvil dos veces en quince días», revela Thais, una residente

Fernando Ribes, un profesor de Formación Profesional que reside en la calle Torrent, descansa en un banco. «Es preciso que los agentes se impliquen más en la prevención del absentismo escolar, porque aquí (en referencia al parque y zona deportiva) vienen por el día a fumar porros chavales que deberían estar en clase», asegura. «En la entrada de la biblioteca, junto a las canchas, hay siempre un policía, supongo que por seguridad... ¿no sería más útil que saliera a la calle para que estos pandilleros estuvieran en clase?».

Thais, vecina de la calle Mario Aristoy, ha sufrido la inseguridad de la zona. «Este verano me robaron el teléfono móvil dos veces en quince días». En el primer robo, en el que recibió un empujón de un delincuente, le arrebataron además, 700 euros en metálico que había sacado del banco «para pagar el alquiler y gastos de casa». Dos semanas después, nueva sustracción del celular, esta vez al descuido, «mientras lo cargaba en un bar».

La mujer también ha sufrido «lanzamiento de objetos con destrozos en los paneles metálicos de la galería de casa». Dice haber sido testigo de «insultos a personas mayores, porros y música alta en los fines de semana y hasta lanzamiento de petardos de gamberros a las casas bajas y primeros pisos. Aquí, da miedo».

Vandalismo puro y duro como el que llena de pintadas las paredes y estrechos pasajes del grupo Antonio Rueda, algunas con duros mensajes a los ojos de los niños: «¿Me la chupas, puta?», reza uno de los que tuvieron que limpiar los vecinos recientemente.

Charlamos también con Javier Gardey y nos cuenta que a su hija le han robado dentro del coche en dos ocasiones en la cercana calle Músico Ayllón, la última hace sólo dos semanas. «Ya se está planteando dejar el coche en otra zona, aunque pille más lejos de casa».

En la farmacia de la calle Guillem Despuig hay instalada una gran mampara protectora con ventanilla junto al mostrador, algo más propio de un banco. Jóvenes gamberros han robado la hucha de Cáritas en varias ocasiones, como también ha ocurrido en el horno. Ahora está pegada con pegamento. En las farolas del parque hay carteles que invitan a los jóvenes a cambiar droga por deporte con apoyo de un centro.

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