Valencia arrienda el peaje de caballerías que transitan por el camino del Grao

El pleno del Ayuntamiento de Valencia celebrado el 9 de febrero de 1918 se dedicó enteramente a cuestiones tributarias, entre las que destacaba el pliego de condiciones para la subasta «del arrendamiento del arbitrio de caballerías que transitan el camino del Grao y puente de Nazaret», según el periódico del día siguiente.

La cantidad fijada inicialmente para la licitación a subasta era de 70.000 pesetas, lo que representaba un aumento del 25%. Sin embargo, por la razón que fuera, dicho punto quedó sin acuerdo por el momento, a petición del concejal señor Lorente. O tal vez fuera por alguna cuestión relacionada con este párrafo final de la noticia: «...cuando se levante el bloqueo a que hoy están sometidos los mares».

El arriendo de un arbitrio suponía que la Administración sacaba a subasta el servicio de recaudación del mismo, fijando una cantidad de partida. La empresa adjudicataria abonaba ese dinero y se encargaba de recaudar el impuesto o la tasa en cuestión: si había diferencias en más o en menos eran a su costa. Es práctica que aún se hace en algunos ayuntamientos con el Impuesto de Bienes Inmuebles. Pero en aquel momento, en los últimos meses de la I Guerra Mundial, las exportaciones e importaciones estaban restringidas por los bloqueos de buques británicos y alemanes en el Atlántico y el Mediterráneo, por lo que estaban mermadas las salidas y entradas de barcos en el puerto valenciano, lo que reducía mucho el trasiego por el camino del Grao de carruajes, que eran los que tenían que abonar tal peaje.

La cantidad inicial para la licitación asciende a 70.000 pesetas, un 25% más que el año anterior

HACE

150

AÑOS

La Sociedad Valenciana de Agricultura se había propuesto estudiar posibles salidas para grandes cantidades de naranjas que el viento tiraba -y tira- al suelo, y el periódico indicó, el 9 de febrero de 1868, que «no es fácil resolver este problema, y las personas a las que comisionó la Sociedad Agrícola así lo declaran en sus escritos».

Algún experto había lanzado la posibilidad de que, a falta de otros destinos para poder comercializar en pocos días la gran cantidad de naranja que el viento tiraba a tierra, se elaborara vino con ella. Sin embargo los especialistas consultados concluyeron que tal cosa resultaba desaconsejable por la dificultad intrínseca y porque tampoco tenía mucho sentido cuando España producía gran cantidad de vino auténtico, de uvas, hasta haber excedentes er muchos años.

Tampoco era viable instalar fábricas para extraer ácido cítrico y aceites esenciales, por ser corta la campaña y escasa la materia prima. Mejor optar por aceptar los daños «como un contratiempo». Quedaba aún muy lejana la actual actividad industrial de zumos.

Fotos

Vídeos