Torremanzanas, cinco años sin respuestas

Familiares, amigos y autoridades, ayer, junto a la placa que homenajea a las víctimas. / 112cv

El incendio en el que murió un bombero y un agente forestal sigue pendiente de justicia y con tres investigados media década después

J. A. MARRAHÍ VALENCIA.

Los nombres de Emilio Abargues y Ernesto Aparicio aún resuenan entre quienes velan por la seguridad del monte. El bombero forestal y el agente medioambiental fallecieron el 12 de agosto de 2012. Hoy se cumple media década de aquel incendio, en un verano trágico, en el que los dos efectivos de extinción se vieron rodeados por las llamas en Torremanzanas. Hoy, cinco años después de los fallecimientos, el caso sigue abierto en un juzgado alicantino con tres mandos de los equipos de extinción investigados por dos delitos de homicidio imprudente.

La localidad alicantina vio desaparecer 600 hectáreas de sus monte por culpa del desastre, que también afectó a Penáguila y Benifallim. La de ayer fue una jornada para el recuerdo. Un monolito instalado en la Casa de la Cultura de Torremanzanas rememora a las dos víctimas que entregaron su vida. Además, el parque de Emergencias de Onil lleva el nombre del bombero forestal.

A los actos de homenaje acudieron familiares y amigos de las víctimas, profesionales de la lucha contra el fuego y autoridades autonómicas y municipales como el director general de Emergencias, José María Ángel, o el subdirector de la agencia, Jorge Suárez.

El brigadista Emilio Abargues Bataller nació en la Pobla del Duc. Tenía 41 años, era padre de una niña y esperaba su segunda hija. Solía pasar los veranos en Gandia y el resto del año residía en Ibiza, donde su mujer, Amparo, se dedicaba a la docencia.

Emilio era un enamorado del deporte. El fallecido era diplomado en Educación Física, aunque durante el periodo estival se incorporó como sustituto en una brigada forestal, un trabajo temporal que le costó la vida. Junto a Amparo compartía una gran afición por las carreras populares, lo que le llevó a estrechar su relación con Gandia y con el Club d'Atletisme Safor, donde se le recuerda con cariño.

Ernesto Aparicio Esteve, la otra víctima, ejercía como agente medioambiental. El fuego segó su vida con 50 años y una dilatada experiencia en este puesto de trabajo, la misma profesión que su padre. Quienes lo conocían destacan su «dedicación a la naturaleza y gran conocimiento del monte». Nació en Enguera, estaba casado y era padre de dos hijos. Cuando se produjo la tragedia residía en Ibi y estaba destinado en la comarca forestal de l'Alcoià.

El caso recayó en el juzgado de instrucción 2 de San Vicente del Raspeig. Inicialmente hubo un imputado por el incendio, el dueño de un vehículo cuyo motor ardió y desató el fuego. Pero la causa contra él se archivó al comprobarse que fue un hecho completamente fortuito. Después, tres mandos de extinción acabaron investigados por su presunta responsabilidad en las muertes de los profesionales. La jueza acordó archivar la causa, reabierta a finales del año pasado por orden de la Audiencia de Alicante.

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