El supuesto hijo de Julio Iglesias se plantea la exhumación del padre del cantante

El doctor Julio Iglesias Puga, padre del célebre cantante. / LP
El doctor Julio Iglesias Puga, padre del célebre cantante. / LP

Javier Santos presenta el lunes la demanda de filiación en Valencia y no descarta exigir pruebas de ADN a otros familiares si el artista vuelve a negarse a un cotejo

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

«Siempre hay por qué vivir, por qué luchar. Al final las obras quedan, las gentes se van». Lo cantaba Julio Iglesias en 'La vida sigue igual' y, como si el tiempo no hubiera pasado, la misma demanda de filiación que le cayó al cantante en los años noventa, se repite ahora, más de dos décadas después. De nuevo en Valencia y con el mismo demandante, su supuesto hijo secreto valenciano, Javier Santos. Entonces tenía 16 años y ahora 41. Y el lunes regresará a los tribunales con una prueba de ADN bajo el brazo y dispuesto a solicitar al juez cotejos con el difunto padre del artista o con otros familiares directos en caso de que Iglesias se niegue a colaborar con la comprobación genética durante el nuevo litigio.

Será el lunes al mediodía cuando Santos dará al fin la cara en las puertas de la Ciudad de la Justicia para ofrecer detalles sobre la nueva demanda de paternidad y responder a las preguntas de los periodistas. Su abogado, Fernando Osuna, desgranó ayer algunos de los pasos para superar las lógicas barreras que se abren para sus intereses.

En primer lugar, la imposibilidad legal de juzgar dos veces un mismo hecho. Y es que los tribunales ya se pronunciaron en los noventa sobre el asunto. Primero, un juez valenciano de primera instancia dictó en 1992 la paternidad de Julio Iglesias sobre Javier. Entendió que la negativa de Julio Iglesias a someterse a una prueba de ADN era el indicio más claro de una posible relación paternofilial. Pero la Audiencia de Valencia lo revocó y el Tribunal Supremo se pronunció también a favor del cantante. No aceptar someterse al cotejo genético no lo convertía necesariamente en el padre.

«Pero ahora llegamos al juzgado con la evidencia científica, una prueba innegable», destaca el letrado Osuna. Se refiere a la prueba de ADN del cantante obtenida en Miami con artes detectivescas y al descuido a través de colillas y otros restos y que, según el gabinete jurídico, demuestra al 99,9% que Julio Iglesias es el padre del valenciano. «En los 90 no había ADN y ahora sí lo tenemos».

El principal interrogante es si el juez que lidie con el nuevo caso Iglesias aceptará reabrir un asunto ya juzgado en consideración de una prueba genética obtenida por canales extrajudiciales. «La justicia no puede dar la espalda a la ciencia y el incidio es legal», defiende Osuna.

En el caso de que el juez estime la demanda, «debería ordenar por lógica la declaración del artista y nuevas comparaciones de ADN entre Javier y Julio» ya a través del engranaje forense de la justicia española. Y aquí el valenciano podría encontrarse con el mismo bache del proceso de los noventa: la negativa de Iglesias a aportar su ADN, una decisión que acabó con una sentencia a su favor del Supremo.

Sería en esta encrucijada cuando Santos tiraría de otros hilos genéticos, como explicó Osuna. «En otros casos en los que el demandado se niega a colaborar el juez ha autorizado cotejos con familiares directos. En este caso podríamos solicitar al juez pruebas de ADN de familiares próximos vivos del cantante, como sus hijos, o de su padre ya fallecido», lo que necesariamente conllevaría una exhumación del doctor Iglesias, fallecido en 2005.

En esta ocasión, el valenciano está dispuesto a llegar hasta el final. «Si el juez de primera instancia no atiende la demanda recurriremos a la Audiencia de Valencia, después al Supremo, y llegaremos al Tribunal Europeo de Derechos Humanos si es necesario», reveló el abogado sevillano. Paralelamente, Santos ha pedido el auxilio del Defensor del Pueblo, de la comunidad científica y hasta una entrevista con el Papa. También prevé iniciar en breve una campaña de firmas para demostrar que su existencia es fruto de una noche de pasión entre su madre, la bailarina María Edite Santos, y el intérprete de 'Hey', en 1975.

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