Enrique Carbonell: «Con sesenta mujeres asesinadas al año, algo estamos haciendo mal»

Carbonell en su despacho en la Facultad de Psicología. / TEO PEÑARROJA
Carbonell en su despacho en la Facultad de Psicología. / TEO PEÑARROJA

Enrique Carbonell, coordinador en la Comunitat de un estudio sobre violencia de género de ámbito estatal, analiza las razones por las que 200 hombres mataron a sus parejas. El experto investiga los procesos psicológicos de los asesinos para mejorar la prevención y reducir las muertes en estos casos

T. PEÑARROJA/I. SILVESTRE VALENCIA.

Enrique Carbonell conoce los entresijos de la mente criminal. Es doctor en Psicología y secretario del Instituto de Criminología de la Universidad de Valencia. Ahora, coordina la sección valenciana del proyecto de investigación de mayor dimensión llevado a cabo en España en el ámbito de la violencia de género: 500 expertos revisan, uno por uno, más de 200 muertes por violencia de género. El objetivo es comprender los procesos psicológicos de los asesinos para poder mejorar los sistemas de prevención.

-Este proyecto, ¿busca el cómo o el porqué de estas muertes?

-En primer lugar, el porqué para encontrar algún indicador que pudiéramos haber previsto. Aquí nos proponemos ir más allá de lo que se ve en un juzgado o en una investigación policial. Nuestro objetivo no es aclarar 200 muertes, sino anticiparnos a las siguientes 200.

-¿Qué tienen en común todos estos casos?

-Ineludiblemente es violencia de género: hay un hombre que mata a su pareja, su mujer, su novia, su amante... Ahora bien, ¿la ideología machista explica esas muertes? Sin duda está presente en la mayoría de los casos; algunos de ellos los explica casi por completo, pero otras veces el machismo no explica casi nada; hay que hilar más fino para poder anticiparnos.

-¿Cómo es la mente del asesino?

-Te sorprenderían muchos de sus razonamientos. Desde «ya me había hartado, la he matado y ahí la tenéis», que encaja dentro de los esquemas clásicos del machismo radical, hasta otros que no tenían ninguna situación especialmente conflictiva en su relación y que en un momento dado han cometido una acción que les ha desbordado psíquicamente. Para ellos era la única salida a su conflicto.

-Cuando el asesino es una persona que sufre alguna enfermedad mental, ¿qué síntomas muestra?

-Parecidos a la depresión con tendencias suicidas. La parte paranoide también está muy presente. Algunos creen que todo el mundo les persigue y busca arruinarle la vida. Pero eso es sólo el pequeño grupo de los asesinos que tienen enfermedades mentales, que son una inmensa minoría.

-El caso más habitual es el de la persona de la que luego dicen los vecinos en la tele que era alguien normal y siempre saludaba en el ascensor.

-En el 40 o el 60 por ciento de las muertes no hay datos previos de violencia, pero hay otras cosas. En estos casos los vecinos piensan que la relación de esa pareja era estupenda. Pero nosotros no preguntamos a los vecinos. Preguntamos a la madre de la víctima, a su hermana, a sus hijos... ¡Y a la madre del asesino! Y a sus amigos y conocidos. Y profundizas un poco más. Ese «eran normales» se llena entonces de matices. Son precisamente esos matices donde podemos encontrar la clave de la prevención.

-¿Qué nos distingue a usted o a mí de un asesino?

-Nada.

-¿Nada?

-Nada.

-¿Mañana puedo convertirme en un asesino?

-No te quepa duda. Esto no es una cuestión de feminismo; es la violencia que usamos los seres humanos para resolver los conflictos. Nacemos preparados para responder con violencia ante los conflictos, pero aprendemos a resolverlos de forma pacífica. Esto es un éxito de la vida social, aunque cuando se rebasan todos los controles podemos responder con pánico, parálisis... O con violencia. Cualquiera puede cometer una acción que se le va de las manos: se llama violencia emocional. Estos crímenes no se dan sólo en el contexto de la violencia de género, sino en cualquier situación. La respuesta emocional desbordada le puede ocurrir a cualquiera.

-¿Qué lleva a los maltratadores a desbordarse precisamente contra su pareja sentimental?

-Los conflictos se producen con las personas con quienes más te relacionas: tu pareja, tus hijos, tus padres... Unas cuantas relaciones de las que vemos están desequilibradas desde el principio y no han logrado una integración. Y cuando eso ocurre hay gente a la que se le rompe todo. Tenemos multitud de casos de violencia donde hay mucha diferencia de modelos de entendimiento del mundo.

-¿Se arrepienten los asesinos?

-En un porcentaje muy alto, sí, pero suele estar más relacionado con las consecuencias para el propio asesino que con el hecho de la muerte. Sin embargo en algunos casos hay auténtico dolor por lo que han hecho. Y otros, incluso, siguen diciendo que ellos no lo hicieron después de que encontraran sus huellas en el arma homicida. Les resulta más estabilizador psíquicamente. Otro tema es la empatía y la capacidad de ponerse en el lugar de la víctima, la mayoría no la experimenta.

-¿Qué no hacemos tan bien en la prevención?

-Podemos llegar a predecir al hombre mucho mejor de lo que predecimos el tiempo. Nunca sabremos a cuántas mujeres hemos salvado, pero sabemos que tenemos medidas muy efectivas. La media es tozuda: son sesenta mujeres al año. Con sesenta muertes al año, algo estamos haciendo mal como sociedad. Tenemos que mejorar la parte educativa y la preventiva. Hay que mejorar en los juzgados, en el seguimiento de las víctimas, en el control de los maltratadores, en los programas de tratamiento que se aplican para ayudar a víctimas. O hacemos más cosas y con más intensidad o seguiremos en sesenta muertes. La violencia de género va a seguir existiendo, pero tenemos que reducirla.

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