El rojo da vida a Buñol

Cientos de personas llenos de tomate durante la Tomatina. / damián torres
Cientos de personas llenos de tomate durante la Tomatina. / damián torres

Como cada último miércoles de agosto, la Tomatina congrega a miles de personas de todo el mundo para participar en esta peculiar batalla. Este año con una novedad: más seguridad

ELISABETH GARCÍA

Alas 7:30 de la mañana las calles de Buñol ya estaban repletas de gente. Tenían ganas de que comenzara la fiesta desde bien pronto. Unos con chanclas y otros con zapatillas, pero absolutamente todos miraban el reloj esperando que fueran las 11 horas para que sonara la carcasa inicial. Desde los más pequeños, pasando por jóvenes atrevidos, hasta llegar a los ancianos, ansiaban que llegara el último miércoles de agosto. Y por fin llegó.

Ayer Buñol cumplió con la tradición y celebró la Tomatina, una fiesta popular conocida en todo el mundo. 54 nacionalidades, 700 dispositivos de seguridad, 162.000 kilos de tomates de La Llosa y siete camiones, desde donde los buñoleros lanzaban y llenaban las calles de rojo, fueron el motor de este festejo.

Las 22.000 personas, entre ellas vecinos y extranjeros, saben qué van a encontrarse cuando lleguen. Tomates y fiesta. Pero lo que hace maravilloso este evento es el ambiente que se respira. Cada uno de los asistentes tienen un objetivo: vivir una experiencia única e irrepetible en la localidad valenciana. «Todos hemos querido salir desde pequeños a la Tomatina. Y me parece genial que nuestro pueblo sea conocido por todo el mundo por una fiesta tan bonita como esta. Lo curioso es que empezó con los amigos, tirándonos tomates que no servían para nada... y ahora mira cómo esta la calle, repleta de gente», afirmó una vecina de Buñol.

Los nervios a flor de piel es algo habitual minutos antes del tiro al aire. «Lo único que queremos es disfrutar», comentó un japonés. Asimismo, unos holandeses señalaron un cartel gigante donde se veía explícitamente la ensencia de la Tomatina: gente con tomate por todo el cuerpo disfrutando de un evento único. Y esto es lo que iban a vivir los asistentes en muy poco tiempo. Estaban preparados, pero les faltaba la munición.

Además, antes de la celebración las fuerzas de seguridad estaban bien distribuidas, pues en cada valla se podía observar a agentes que escrutaban a las personas y sus pertenencias con cautela para evitar que sucediera algún incidente durante la celebración.

A las 10:54 sonó el primer aviso y, junto a él, todos los gritos de entusiasmo de los vecinos y visitantes. Para algunos la primera vez, otros, sin embargo, toda la vida y no se cansan. «Llevo durante 60 años viviendo la Tomatina con un traje blanco y una pajarita roja, y nadie se imagina lo que disfruto cuando me machan entero de tomate», manifestó el visitante. En cambio, una señora británica de 71 años, motivada por la experiencia de sus nietos el año anterior, decidió acudir por primera vez a esta celebración popular. «Solamente voy a poder vivir esto una vez en la vida, y he decidido que sea este año, pero no voy a entrar dentro de la plaza, me quedaré en esta esquina», comentó entre risas la británica.

Las gafas de bucear o de sol y las gorras eran complementos imprescindibles para poder estar y disfrutar en esta batalla, aunque son numerosos los jovenes que no tenían ninguna protección en los ojos y, por tanto, sentían picor en los ojos por la acidez que produce el tomate.

El mal tiempo, por otra parte, no impidió que balcones, azoteas y ventanas también estuvieran ocupadas por espectadores que no quitaban la mirada de la escena en la que estadounidenses, británicos, coranos, alemanes, australianos o españoles llenaban sus cuerpos con tomate. Algunos de ellos formaron también parte de la fiesta, ya que en cuanto recibían uno desde abajo, lo cogían y lo lanzaban de nuevo. La fiesta era para todos.

Desde el inicio del recorrido en la calle de San Luis hasta el final en la Plaza Diputación se podía ver Guardia Civil, Policía Local, Protección Civil, bomberos, sanitarios y voluntarios. Todos atentos, sobre todo, para evitar que ocurriera alguna agresión sexual en el día de ayer. Nada más lejos de la realidad. Las campañas publicitarias en este sentido han surtido efecto y no se ha registrado ningún incidente.

Antes, durante y después de la fiesta popular, los móviles también fueron protagonistas. No había nadie que no quisiera hacerse una foto lleno de tomate, tirándose a la piscina que se formó en la calle o lanzando uno. Todos quisieron recordar el momento que estaban viviendo y darlo a conocer en las redes sociales. «Es curioso, porque conocemos la Tomatina por fotos que vimos en el Instagram, por eso estamos aquí. Y ahora publicaremos fotos para que otros puedan venir a disfrutar de esta fiesta tan divertida», comentó una pareja de australianos, que estaban en Buñol por primera vez y ya pensaban en repetir.

El primer camión llegaba ya a la Plaza Diputación, donde se encuentra el Ayuntamiento. Uno detrás de otro, hasta el séptimo, se encargaban de soltar tomates y darle color a la localidad valenciana. La «guerra pacífica» llegó a su fin con el lanzamiento de la segunda carcasa.

«No he visto esto en ningún sitio del mundo», declaró un alemán entre gritos. Además, una familia de la India lo describió como algo «fantástico» y piensan volver el año que viene. «Conocemos esta fiesta por una película de Bollywood», afirmó el padre.

La guerra ha terminado. La última carcasa ha servido para que miles de persona comiencen su deambular por las calles de Buñol.

En este momento es cuando cobra elevancia el servicio de limpieza. Un total de 80 efectivos se encargaron de limpiar el pueblo y que vuelva a estar como en el resto de los días del año.

El éxito de esta batalla está reflejado desde 2002, momento en el que se declara Fiesta de Interés Turístico Internacional por la Secretaria General de Turismo. Año tras año, la Tomatina no defrauda. Miles de personas recorrían el camino de vuelta con la piel de gallina, y no solo por el frío que hacía, sino también por la experiencia vivida. Ahora, con una sonrisa en la cara y un profundo olor a tomate que tardará varios días en desaparecer, comienza la marcha atrás del contador para que llegue el último miércoles de agosto de 2018. Ese día, Buñol se volverá a transformar en el campo de batalla más pacífico del mundo.

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