La UPV se rinde ante sus pioneros

Exrectores asistentes al actoMarcos Rico, José Juárez, Saturnino de la Plaza, Vicente Carot, Francisco Cavallé, Javier Sanz y Juan Juliá :: upv
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Exrectores asistentes al actoMarcos Rico, José Juárez, Saturnino de la Plaza, Vicente Carot, Francisco Cavallé, Javier Sanz y Juan Juliá :: upv / .

La institución también reconoce el trabajo de los rectores que ha tenido en su medio siglo de vida y a las tres ciudades que acogen sus campus

J. BATISTA VALENCIA.

Pocos meses después del mayo del 68 llegó a Valencia una 'mini revolución educativa'. El impulso de las autoridades locales, del ministro Villar Palasí -tan denostado en los últimos tiempos- y el trabajo de un centenar de pioneros daba lugar a la Politècnica (UPV). Para homenajear a estas personas, la institución organizó un acto solemne en el que las principales autoridades de la Comunitat acompañaron a muchos de aquellos precursores que ayer llenaron el Paraninfo medio siglo después de su hazaña.

Con su esfuerzo consolidaron un proyecto que lleva años recogiendo frutos -es de las universidades más punteras de España y de las mejor situadas en los rankings- y tiene muchas ganas de seguir «alcanzando horizontes», parafraseando al rector Francisco Mora, que guardó para el final de su discurso la clave del evento: el agradecimiento a los grandes protagonistas, la comunidad educativa. «La universidad somos todos, los que estuvieron, los que estamos y los que estarán, los alumnos que han pasado por nuestras aulas en estos 50 años, el PAS y el personal docente e investigador. Todos comprometidos con la encomienda de transmitir, generar y transferir conocimiento para procurar una sociedad mejor», dijo.

La primera intervención fue la del profesor jubilado Eduardo Pellicer, que rememoró hitos -desde el primer ordenador hasta el seguimiento de la llegada del hombre a la Luna- y se felicitó de la transformación que han sufrido los campus. Los asistentes visionaron un vídeo donde se recordaban anécdotas, como el tener que rellenar todas las matrículas a mano, sin existir aún los planes de estudios, los primeros precios (unas dos mil pesetas) o la cantidad de suspensos en el semestre inicial (211 aprobados de 678).

Las matrículas costaban dos mil pesetas y sólo 211 de los 678 alumnos del primer semestre aprobaron

La celebración continuó con el homenaje a los rectores que han precedido a Mora, con las únicas ausencias de Rafael Couchoud -el primero, ya fallecido, muy recordado ayer- y Justo Nieto, que dirigió la institución durante 18 años y excusó su ausencia. En nombre de todos habló el segundo rector, Marcos Rico. Reconoció que sin la ayuda de la 'Universidad Literaria' «no se podría haber montado el primer curso como se montó», con pocos meses de margen -arrancaron en el 1968-69- y se refirió a las carencias que afrontaron, como la ausencia de laboratorios. «Parecía difícil que funcionara, pero funcionó», señaló. A su juicio, se consiguió «gracias a la voluntad de los que estábamos, anteponiendo los intereses de la universidad a los nuestros, a la exigencia hacia los alumnos y a la acogida popular de la ciudad».

También se reconoció el apoyo de las tres ciudades que acogen los campus haciéndoles entrega de la medalla de la UPV, que recogieron los alcaldes. Diana Morant (Gandia), Joan Ribó (Valencia) y Antonio Francés (Alcoi) -los dos primeros egresados de la universidad- coincidieron en sus intervenciones en destacar la contribución de la institución en la creación de riqueza y conocimiento en sus municipios. En la recta final intervino el presidente Puig, quien agradeció su dedicación «a la docencia, investigación y servicio a la sociedad», sin la cual «la Comunitat no habría podido avanzar».

El acto lo cerró Mora, que en su discurso pidió que la universidad sea «prioridad real» de las políticas del país, empujada por el apoyo social, e invitó a soñar con el futuro de la institución en el próximo medio siglo: basada en un sistema educativo público estable y pactado, con suficiencia financiera, crítica y sin espacio «a la mediocridad y la apatía», propiciadora del avance científico y «motor de progreso sostenible para nuestro entorno socioeconómico».

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