El reparto

MANUEL ALCÁNTARA

Las culpas son tantas que repartirlas con ecuanimidad se hace dificultoso. Cabemos a más de los inculpados, incluidos los que no tenemos la culpa de nada y se nos echa la culpa de todo. No hemos aprendido que las guerras son para quienes las trabajan, no para quienes las hacen, cuyo destino final es aumentar la estadística de muertos. La Generalitat ha admitido que tuvo información, pero que no estuvo suficientemente informada. Ignoraba que las cosas pudieran llegar tan lejos hasta perderlas de vista y ahora reconoce que lo sabía y le echa toda la culpa al Estado, que siempre es el culpable de todo, mientras sea el mismo. ¿Cómo se corrige eso mientras todos los españoles no entremos en el mismo correccional? El último icono de los llamados cariñosamente "indepes" se había caracterizado por su independencia política y por no haberse significado nunca a favor de nadie, excepto del cuerpo policial, pero ya no sabemos quiénes son los nuestros, porque no somos de nadie. El que sí lo sabe es Puigdemont, que ha desafiado abiertamente al Estado de Derecho diciendo que no parará el referéndum. Tienen mucha curiosidad para ver hasta dónde llega, sin necesidad de acudir al artículo 155, que puede ser el artículo mortis.

Que nadie se pregunte eso de ¿quién dijo miedo? Somos nosotros, sin ir más lejos, los que lo decimos. ¿Qué va a ser de nosotros y de vosotros? Ser contemporáneos siempre es muy difícil. "De sangre en sangre vengo, como el mar de ola en ola", dijo el gran Miguel Hernández, antes de que estuviera callado para siempre. El Govern mintió para ocultar que la alerta llegara a los Mossos, creyendo que la mentira también puede hacernos libres, pero el aviso de la CIA les llegó en mayo. Había tiempo suficiente, pero el tiempo, que tiene muchos años por delante, no se dio prisa. Y aquí lo tenemos.

Las culpas son tantas que repartirlas con ecuanimidad se hace dificultoso. Cabemos a más de los inculpados, incluidos los que no tenemos la culpa de nada y se nos echa la culpa de todo. No hemos aprendido que las guerras son para quienes las trabajan, no para quienes las hacen, cuyo destino final es aumentar la estadística de muertos. La Generalitat ha admitido que tuvo información, pero que no estuvo suficientemente informada. Ignoraba que las cosas pudieran llegar tan lejos hasta perderlas de vista y ahora reconoce que lo sabía y le echa toda la culpa al Estado, que siempre es el culpable de todo, mientras sea el mismo. ¿Cómo se corrige eso mientras todos los españoles no entremos en el mismo correccional? El último icono de los llamados cariñosamente "indepes" se había caracterizado por su independencia política y por no haberse significado nunca a favor de nadie, excepto del cuerpo policial, pero ya no sabemos quiénes son los nuestros, porque no somos de nadie. El que sí lo sabe es Puigdemont, que ha desafiado abiertamente al Estado de Derecho diciendo que no parará el referéndum. Tienen mucha curiosidad para ver hasta dónde llega, sin necesidad de acudir al artículo 155, que puede ser el artículo mortis.

Que nadie se pregunte eso de ¿quién dijo miedo? Somos nosotros, sin ir más lejos, los que lo decimos. ¿Qué va a ser de nosotros y de vosotros? Ser contemporáneos siempre es muy difícil. "De sangre en sangre vengo, como el mar de ola en ola", dijo el gran Miguel Hernández, antes de que estuviera callado para siempre. El Govern mintió para ocultar que la alerta llegara a los Mossos, creyendo que la mentira también puede hacernos libres, pero el aviso de la CIA les llegó en mayo. Había tiempo suficiente, pero el tiempo, que tiene muchos años por delante, no se dio prisa. Y aquí lo tenemos.

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