El 'quidditch' despega en Valencia y lucha por ser reconocido como deporte

El deporte de la saga de Harry Potter ya tiene cuatro equipos en la Comunitat. Los Buckbeak Riders y los Levante Phoenix entrenan duro para situar la ciudad como una de las referentes en España

TEO PEÑARROJA VALENCIA.

«¡Escobas, escobas!», grita Sheila, una chica con el pelo azul, mientras reparte a sus compañeros de equipo unos palos negros de PVC. Los jardines del Turia cobijan cada tarde a deportistas de toda clase: ciclistas, corredores, paseantes, futbolistas, etc. En este inmenso césped, Sheila y otros once chicos y chicas corren perfectamente equipados con un uniforme blanco y azul y un palo entre las piernas alrededor de tres aros que se levantan perpendiculares al suelo.

«¿Es 'quidditch'?», pregunta una chica que acaba de abandonar su bicicleta junto a un árbol y pierde la mirada más allá de su interlocutor. «Eso parece», asegura su acompañante. «¡Oh! Me encantaría jugar», exclama con un tono de voz que recuerda a Luna Lovegood, uno de los personajes del universo creado por J.K. Rowling en la saga de Harry Potter. Después se sienta con las piernas cruzadas a observar y a tararear la banda sonora de las películas.

Después de media hora de entrenamiento con los Buckbeak Riders, a uno le da la impresión de que ha cruzado sin saberlo el Andén Nueve y Tres Cuartos y no le sorprendería que las escobas de los jugadores echaran a volar o que un elfo doméstico apareciera de repente en la rama de un pino. Pero no, el 'quidditch' ya no es un deporte mágico que sólo se puede encontrar en las páginas de un libro, sino un auténtico deporte que, por otra parte, resulta muy duro.

«Obviamente las escobas no vuelan. Esto no es un juego», explica el capitán de los Buckbeak RidersLos jugadores valencianos aspiran a participar en la competición europea de esta modalidad

«La prensa siempre pregunta si las escobas vuelan», explica Guillermo, el capitán del equipo. «Obviamente no vuelan. Esto no es un juego: es un deporte muy exigente», añade. Y así es. Otro chico del equipo, que ya ha jugado antes en agrupaciones de fútbol sala y balonmano, lo corrobora: «Esto tiene mucho movimiento; más que equipos de futbito de muchos pueblos». Con un ejercicio, los Buckbeak Riders aprenden a rodar por el suelo sin hacerse daño con la escoba. «La llevamos en una zona delicada», explica un jugador, «y hay que saber caer para no destrozarse».

Entre rugby y balonmano

Parece un deporte caótico. Es una mezcla de rugby y balonmano. Los equipos están formados por un 'guardián', que es el portero que trata de evitar que la 'quaffle' (la pelota principal) traspase alguno de los tres aros; tres 'cazadores', que intentan colocar la 'quaffle' en los aros del equipo rival; dos 'golpeadores', que utilizan otras pelotas, las 'bludgers', con las que pueden bloquear a un jugador del equipo contrario; y un 'buscador', que es el encargado de atrapar la 'snitch'.

La 'snitch', en la saga del joven mago, es una pelota dorada con alas que tiene vida propia y trata de escapar de los buscadores. Cuando un buscador atrapa la 'snitch', el partido termina. Claro que, en la vida real, no hay pelotas con alas y vida propia, así que un corredor imparcial cumple ese papel. Debe ir vestido de amarillo o dorado y lleva una pelota de tenis metida en un calcetín que ata a su cinturón. Los buscadores intentan atraparle y quitarle la 'snitch'.

Cambian de ejercicio y empiezan a llover 'bludgers' por todas partes. Unos niños que patinan por el parque miran extrañados. Los Buckbeak Riders están entrenando para la Mangamore Kopa de Bilbao, que tendrá lugar en octubre. «Queremos participar en la Copa de España», explica Guillermo, «pero para eso necesitamos haber participado antes en algún campeonato oficial; por eso vamos a la Mangamore». Y todavía apuntan más alto. Si consiguen clasificarse entre los tres primeros equipos de España podrán participar en el Europeo de 'quidditch'.

No es nada fácil porque en la Copa de España participarán equipos como los Lumos de Compostela, campeones del año pasado, los Bizkaia Boggarts o los Wolves de Madrid. Y eso que no participan los Eagles de Barcelona, ya que los equipos catalanes tienen su propia federación y juegan una liga separada.

30 equipos en España

En España ya juegan a 'quidditch' una treintena de equipos, cuatro de ellos en la Comunitat. Los Buckbeak Riders nacieron en Valencia en 2015, apenas dos meses después de los Levante Phoenix, el equipo decano de la región. Ambos equipos se profesan mutuamente un odio cordial. «Nos llevamos bien», responden dos chicas del equipo con la boca pequeña. Luego se echan a reír. «Bueno, lo normal entre dos equipos de la misma ciudad», añaden.

Alguien se da cuenta de que Luna Lovegood lleva media hora sentada en el césped observando el entrenamiento. Le preguntan que si quiere jugar. Quiere. No se le da mal. Palmadita en la espalda. Quizá vuelva la semana que viene. Así es como crece este deporte: con el boca a boca, con uno que viene, prueba, le gusta, invita a un amigo, etc. La expansión es lenta, pero efectiva, y los Buckbeak Riders están orgullosos de ser uno de los primeros equipos de 'quidditch' en Valencia y felices de ver cómo crece su afición.

El 'quidditch' nació en 2005 en la Universidad de Middlebury (EE.UU.), donde un grupo de estudiantes aficionados a los libros de J.K. Rowling jugó el primer partido oficial. La Asociación Internacional de Quidditch (IQA) es el máximo órgano representativo de este deporte que se ha extendido por todo el planeta. Sin embargo, no todo el mundo se toma en serio esta práctica deportiva a pesar de que una treintena de equipos la practican en España y de que se organizan campeonatos. El 'quidditch' no está reconocido en España como un deporte, entre otras cosas porque sólo lleva aquí cinco años y algunos aún piensan que es una broma. Jorge, el capitán de los Lumos Compostela -el equipo que ganó la última edición de la Copa de España-, explica que es una batalla larga. «Cuando contratamos un seguro para organizar un campeonato tenemos que hacerlo como una variante del rugby o del balonmano», se lamenta.

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