La ley para proteger la huerta planea hasta la instalación de cementerios

Parcelas de escarola y lechuga 'hoja de roble' en L'Horta Nord. / damián torres
Parcelas de escarola y lechuga 'hoja de roble' en L'Horta Nord. / damián torres

La normativa que prepara el Consell quiere prohibir en algunas zonas que se unan parcelas y se críen animales

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

La normativa propuesta por la Conselleria de Territorio para proteger la Huerta de Valencia prevé la instalación de cementerios en este espacio agrario cuyos valores se quieren preservar. Tan llamativa cuestión queda plasmada en el artículo 43 del proyecto de Plan de Acción Territorial (PAT), que dice: «Se permite en todo el ámbito del plan la implantación de cementerios e infraestructuras en las condiciones del título VI de esta normativa», la cual fija las «directrices de integración paisajística».

Este punto que se refiere a la construcción de hipotéticos cementerios en la Huerta es uno de los que más están llamando la atención de los agricultores, aumentando su inquietud ante la sucesión de potenciales amenazas futuras contra el normal desarrollo de su actividad. Porque no se refiere a que se prevean posibles ampliaciones de los cementerios existentes (cada pueblo o pedanía tiene el suyo), lo que es normal que suceda, sino a la «implantación», es decir, instalaciones nuevas. Un detalle que hace pensar que entre los redactores del proyecto de texto anide la intención de facilitar la construcción de cementerios privados en un futuro, cosa que no se entiende qué pinta en una normativa de protección huertana. Cabe recordar que la premisa esencial de la misma es frenar la urbanización y garantizar la preservación de la actividad agraria y sus valores culturales de todo tipo.

La protección de l'Horta frente a futuras expansiones urbanísticas se efectúa mediante la calificación de su suelo como «no urbanizable protegido». Pero a partir de ahí, el PAT incide en su articulado en una constante preocupación por garantizar sus valores paisajísticos y los usos recreativos o de ocio, lo que contribuye a extender recelos entre los agricultores, que temen ver su actividad excesivamente constreñida y limitada, en tanto que no ven todavía las ventajas que les anunciaron en su favor.

La norma incide en mimar el paisaje, cuidar la 'conexión visual' y facilitar el acceso público

Estos recelos y desconfianzas extienden en los pueblos huertanos la idea de que prevalece una intencionalidad de convertir la Huerta en un inmenso jardín al servicio de la gran ciudad; un jardín recreado y visitable por gran número de personas, pero cuidado por un ejército anónimo de agricultores-jardineros controlados, a los que, de momento, no les han dicho qué les pagarían por lo que les exigen.

El PAT insiste en que se pretende revitalizar un espacio como la Huerta que en algunos sitios está degradado o con fuertes amenazas, y en diversos puntos se reafirma la intención de que se ha de incentivar la actividad agraria para hacerla rentable. Sin embargo, a falta de que se concrete este apartado en el futuro Plan Agrario (aún por empezar), lo que hace el Plan de Acción Territorial es abundar en aspectos que los profesionales y propietarios de los campos afectados ven como claros 'tics' que refuerzan la idea del jardín-parque temático y de asegurar un espacio al servicio del visitante urbano, y no tanto en buscar de verdad la viabilidad económico-agraria que se exhibe en teoría.

Por ejemplo, el artículo 45 dice que no se permitirá la cría de animales en las zonas de huerta Grados 1 y 2. La 1 corresponde a la porción situada al norte de Valencia (Alboraya, Almássera, Meliana, Bonrepós, Carpesa, Borbotó, Godella...). Esta es el área (en dos grandes porciones ) en la que todo el mundo coincide en que se mantienen mejor los valores huertanos en todos los aspectos. Coincide con la zona en la que se cultiva la chufa con denominación de origen y destinada a elaborar la famosa horchata, y es este factor el que ha permitido mantenerla más viva y dedicada al cultivo intensivo, mientras que otras zonas al sur y al oeste de la capital están más degradadas o destinadas a cultivos arbóreos y con profusión de campos intercalados en claro abandono.

Puertas de entrada, miradores, paseos y lugares de encuentro

El artículo 52 del PAT señala entre sus directrices las de «facilitar el acceso público a la Huerta» y «garantizar la integración visual con la ciudad» (¿y los pueblos?), aunque en el artículo 53 se pretende «impedir el acceso indiscriminado de peatones a las zonas agrarias». Entre ambas posiciones aparentemente contradictorias (facilitar el acceso-impedir el acceso indiscriminado) parece que en principio el equilibrio se rompe en favor de promover las visitas y la utilización de este espacio agrícola como lugar de esparcimiento ciudadano, lo que hace albergar grandes preocupaciones a los ciudadanos.

El articulado del PAT refiere en varios puntos la intención clara de que la huerta protegida sea lugar de paseo y de solaz, con promoción de carriles bici, limitación del tráfico motorizado (¿también para tractores y camiones de carga de cosechas?), habilitar lugares arbolados con bancos... Se habla de instalar restaurantes, alojamientos, aparcamientos... antes de concretarse qué se propone hacer con la agricultura real para que tenga futuro. Y en esas mismas líneas se propone colocar «miradores», «puertas de entrada» y «puntos de encuentro». Entradas y encuentros ¿para quién?

Sin embargo, dicho artículo 45 dice: «Las instalaciones para la cría particular o comercial de animales sólo serán admisibles en la Huerta Grado 3» (la más alejada de la ciudad). Si se trata de evitar la instalación de grandes granjas es comprensible, pero la prohibición total de criar animales parece poco compatible con el objetivo de promover una huerta viva y rentable. ¿No se pueden criar unas gallinas para obtener huevos en las alquerías?, ¿ni pollos o conejos?, son la base cárnica de la tradicional paella. ¿Tampoco criar caballos de tiro, para labrar la tierra y arrastrar carros?

También en el área de Huerta Grado 1 se pretende prohibir que se unan parcelas, para componer explotaciones más grandes, si con ello se alteran cursos de acequias o caminos. Otro signo de prevalencia del objetivo paisajístico sobre el de rentabilizar de verdad la actividad agraria. Si no se pueden hacer parcelas mayores difícilmente se pueden mecanizar e implantar criterios de mejora de la rentabilidad. Se prefiere ante todo el mantenimiento de la actual estructura parcelaria, minifundista y tantas veces inviable.

A todo ello se une la no autorización de cultivos arbóreos, sólo hortalizas (para no afear el paisaje), salvo en la zona de Grado 3; al igual que la absurda limitación de invernaderos de no más de un metro de alzada, o de cinco metros pero en exiguas superficies. Irreal si se tiene en cuenta que muchas hortalizas ya no son agronómicamente posibles al aire libre y precisan cultivarse a cubierto.

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