«Pensé que moría en el mar, Dios nos ha salvado»

Una de las inmigrantes sonríe tras recibir noticias sobre el traslado, ayer, a bordo del 'Aquarius'. / MSF
Una de las inmigrantes sonríe tras recibir noticias sobre el traslado, ayer, a bordo del 'Aquarius'. / MSF

Los inmigrantes a bordo del 'Aquarius', esperanzados tras conocer su destino

J. A. MARRAHÍ/EFEVALENCIA/ROMA.

Todo menos regresar a Libia. Este era, a primera hora de la mañana de ayer, el quebradero de cabeza entre los 630 inmigrantes hacinados en el 'Aquarius'. Era antes de conocer su destino definitivo, Valencia, y ser reubicados entre los tres buques que participan en el traslado.

Según Alessandro Porro, cooperante de Sos Mediterraneé, «pasaron momentos de mucha tensión por la incertidumbre», pero, en general, «acogieron bien la decisión de trasladarlos a España». Esta es la reflexión que lanzaba uno de los inmigrantes: «Europa no es Libia. Eso es como vivir en el infierno. No debemos regresar allí nunca».

Similar gratitud manaba de los labios de una de las mujeres del 'Aquarius'. «He pasado 12 horas en el mar. No pensaba que me iban a rescatar. Dios nos salvó. Cuando caí al agua, pensé que moría. Tuve miedo. No tenía chaleco salvavidas, pero me sacaron y por eso estoy aquí hoy», valoraba con su cuerpo cubierto por una manta.

«Me vendieron y me maltrataron, me torturaron con cuchillos», narra un inmigrante

Los subsaharianos se mostraron muy ilusionados al conocer que iban a pisar España. Otros, como marroquíes y argelinos, no tanto. Temen ser deportados después de atracar en el puerto de Valencia.

Mientras, se palpaba esperanza entre los cooperantes, pero también cierto enojo. «Vemos un final para el sufrimiento de 630 personas traumatizadas y exhaustas. Esto muestra cómo Europa ha perdido su moral en el Mediterráneo. Las personas rescatadas en el mar deberían desembarcar en el puerto más cercano y seguro», recordó Karline Kleijer, de Médicos Sin Fronteras.

Además de los cooperantes, en el 'Aquarius' también trabaja Sara Alonso, periodista de RNE. «Están siendo jornadas agotadoras para todos», destacó. Los inmigrantes «apenas se pueden mover y conciliar el sueño al raso de la cubierta», donde permanecían antes de la reubicación, «era muy complicado». «Tampoco pueden ducharse porque no hay espacio ni agua suficiente», describió desde el buque humanitario.

Una historia sorprendente es la de un joven nigeriano que viaja a España por segunda vez. Chapurrea español y asegura que Andalucía es su «segunda tierra». Saltó la valla en Melilla y después regresó a Nigeria para ver a su familia. «Como no tengo papeles...», lamentó en declaraciones a la cadena radiofónica. «Yo soy cristiano y en mi país nos están asesinando. En Libia he estado ocho meses y todo es aún peor. Me vendieron, me maltrataron y me torturaron con cuchillos. Ahora quiero volver a Roquetas de Mar. Continúo la vida luchando y un luchador nunca se rinde», sentenció Clemente de camino a Valencia.

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