«Lo que pedimos es justo, un hijo tiene derecho a que su padre lo reconozca»

Javi Sánchez, el supuesto hijo de Iglesias, y Chiara, su esposa de origen italiano, se besan en el día de su boda, celebrada el año pasado. / lp

La mujer del supuesto hijo valenciano de Julio Iglesias asegura que Javi Sánchez «es un hombre bueno y humilde que no busca dinero ni fama»

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

No quiere hablar. No quiere mostrarse. Javi Sánchez, el valenciano al que una prueba de ADN apunta como hijo secreto de Julio Iglesias, «prefiere de momento no conceder entrevistas». Quien da la cara es su mujer, Chiara, a la que encontramos en la franquicia de nutrición deportiva que ambos regentan, situada en el barrio valenciano de Ruzafa.

La joven de Cerdeña, de 28 años, resume así la nueva lucha judicial en la que su marido se ha enfrascado veinte años después del mazazo en contra del Supremo a su demanda de paternidad: «Lo que pedimos es absolutamente justo. Un hijo tiene derecho a que su padre lo reconozca. Y, en este caso, añade, «creo que está más claro que el agua», valora en evidente referencia al parecido físico entre su esposo e Iglesias.

Si la demanda de paternidad prospera, podría convertirse en nuera legal del cantante español más internacional. «Pero eso tampoco me importa demasiado. Cuando me enamoré de Javier no sabía su vínculo con Julio Iglesias. Me lo dijo después y al principio no me lo creía. Lo quise y lo querré igual, tanto si esto va adelante como si no», sentencia. Lo define como «un hombre bueno, humilde y trabajador que no busca dinero ni fama».

La prueba privada de ADN, con una fiabilidad del 99,99% según el abogado Fernando Osuna, hace que Javier y Chiara se sientan «contentos y esperanzados». Según reflexiona, «es un sentimiento muy legítimo que un hijo quiera saber quién es realmente su padre, es algo que nos sucede a todos».

Mucho ha cambiado en la vida de aquel joven de 16 años de flequillos noventeros y sonrisa traviesa al que vimos fotografiado hasta la saciedad en la prensa rosa. O de la mano de su madre, la bailarina brasileña María Edite Santos, en platós de la televisión. O en las portadas de sus discos pop 'Quiero ser como tú' y 'Lucha y verás'.

Tras la sentencia desfavorable del Supremo y su etapa como cantante, la fama se diluyó. «Pero él siempre ha adorado la música y buscó su camino profesional como DJ, tanto en España como en Estados Unidos, donde ha vivido muchos años», relata Chiara.

Javier quiere apellidarse ahora Santos y así resume su trayectoria en la página Mixcloud de aficionados a la electrónica: «Javier Santos tiene una larga trayectoria tras los platos, pasando por numerosas cabinas de todo el mundo con residencias notorias como la mítica sala A.C.T.V. de Valencia o The Garage en Los Angeles». El valenciano criado en el Cabanyal acabó recalando en Ibiza. Fue allí, en la isla balear, donde conoció en 2012 a la italiana que le robó el corazón.

Estados Unidos, Ibiza... y de regresó a Valencia. Durante años fue encargado de la tienda de nutrición deportiva en la que ambos trabajan hoy. En septiembre de 2016, Javier y Chiara contrajeron matrimonio. Con ella ha encontrado estabilidad y «ha sentado cabeza tras una larga trayectoria de ligoncete», como aseguran quienes le conocen.

Javier se gana la vida con su negocio y las mezclas son «sólo su hobby», puntualiza su mujer. La gente de su entorno musical resalta su «madurez», «buen humor» o «fidelidad a sus amigos». Lo definen como «mejor DJ que cantante» y «muy apreciado por el público que asiste a sus sesiones en salas valencianas, por su apuesta poco comercial y más 'underground'». Y también es «bastante presumido», confiesan sus colegas. A fuerza de pesas, carreras, cuidada nutrición y gimnasio, se ha labrado un físico «que muchos quisiéramos con 41 años».

Para que Javier pueda apellidarse oficialmente Iglesias todavía queda un largo camino judicial. Si lo logra, tendría los mismos derechos que los ocho hijos reconocidos de Julio Iglesias sobre la parte legítima de su herencia. Según la revista Forbes, el cantante amasa una fortuna de 850 millones de euros. Con la ley y las matemáticas en la mano, eso le dibuja un horizonte de 31 millones de euros. Pero sin un dictamen judicial a su favor es, por el momento, el cuento de la lechera.

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