Un orfanato para Ekalakala

Sophia Linares rodeada por los niños del orfanato. / lp
Sophia Linares rodeada por los niños del orfanato. / lp

Sophia y Alexandra Linares crean una ONG de ayuda a huérfanos de Kenia | Las dos jóvenes valencianas acaban de comprar unos terrenos en el país africano

R. V.

valencia. Ekalakala es una aldea a 140 kilómetros al noreste de Nairobi, la capital de Kenia. En ella residen 400 personas. En el pueblo hay una pequeña casa en la que viven 25 jóvenes sin padres con edades comprendidas entre los dos y los 20 años al cuidado de un par de monjas.

En ella aparecieron en agosto de 2016 Sophia y Alexandra Linares, dos hermanas valencianas de 23 y 21 años, estudiantes de Derecho e Ingeniería Civil, respectivamente, que pretendían pasar un verano solidario. «Nos lanzamos a la aventura», cuenta Sophia. Relata que ella y su hermana querían realizar tareas de voluntariado, «pero no encontramos nada organizado que nos convenciera», recuerda. Finalmente consiguieron contactar con dos religiosas keniatas que habían estado en España en un convento de clausura y que ahora se ocupaban unos niños en esta pequeña aldea de su país.

Conocer Ekalakala supuso un antes y un después en sus vidas. Al llegar vieron las condiciones en las que vivían los niños. Y se decidieron a actuar. «Seis niños dormían en un cama individual y nada más aterrizar tuvimos que comprar literas; construimos una guardería, alimentos; en definitiva, cubrir las necesidades más básicas», explica Sophia. Además, han conseguido que Erik, uno de los jóvenes, se pueda matricular en la Facultad de Medicina en Mombasa.

«Nos enamoramos de los niños y de la gente», apunta y resolvieron que tenían que seguir ayudando. Al regresar a Valencia constituyeron una ONG. El primer gran objetivo que se han marcado es la construcción de un orfanato junto al colegio al que van los niños. «Ahora tienen que andar dos horas de ida y vuelta si quieren ir a clase o estar internados con el consiguiente coste económico», señala Sophia.

Ya han comprado el terreno. «Queremos que tengan un hogar», resalta la joven. El sueño cuesta 35.000 euros. «Estamos recaudando el dinero con distintos eventos y pidiendo colaboración a diferentes empresas. Mucha gente nos está ayudando, como la Fundación Domus de nuestro antiguo colegio», explica Sophia. Esperan que este sólo sea el primero de una larga lista de proyectos.

Fotos

Vídeos