El zulo invisible

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

No podemos afirmar que el general Dwight 'Ike' Eisenhower destacase por su genio como estratega. En ese campo Patton fue mucho más brillante pese a su fanática y algo loca personalidad, pero Ike supo arracimar los intereses y las sensibilidades de los aliados, lo cual no era tarea fácil. Pero un detalle suyo confirma su inteligencia y sólo por eso conviene admirarle. Cuando las tropas descubrieron los campos de exterminio levantados por los nazis, convocó a toda la prensa. Sabía que semejante horror, sin pruebas gráficas, chocaría contra la incredulidad de buena parte de la gente. Esas fábricas de muerte, precisamente por formidables y siniestras, necesitaban fotos y documentales para que nadie olvidase, para que nadie osase negar las evidencias. Gracias a su decisión hoy todavía nos estremecemos al observar aquellas imágenes donde pilas de cadáveres yacen y donde los hornos todavía humean. Quizá por eso tampoco demolieron esos edificios que nos avergüenzan y nos remueven las tripas. Contemplar esas naves debería de vacunarnos para evitar futuras masacres. Se cumplen ahora 20 años desde la liberación de Ortega Lara. El mismo horror pero a otra escala. Matar en vida. Humillar la dignidad de la persona. Vapulear sus sentidos. Unos quemaban y otros enterraban. Más de 500 días sobrevivió Ortega Lara. Cuando vio la luz recuerdo que, impresionados, comentamos el parecido de este con los presos de un campo de exterminio. Idéntica mirada perdida enmarcada en cuerpo torturado apenas sujetado por débiles huesos forrados de simple piel. Ese agujero ya no existe porque bombearon cemento para que olvidemos la tremenda fechoría. No se puede visitar. Ha desaparecido. Escamotean a la juventud el lado cafre y espeluznante de una historia. Y olvidar la Historia ya sabemos a lo que conduce.

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