Zapaterizados

CÉSAR GAVELA

En el nuevo gobierno hay ministros zapaterizables, y otros que parece que no lo son tanto. Parece. Los que no son zapaterizables están capitaneados por Josep Borrell, catalán constitucionalista, ilustre europeísta y autor de textos muy sólidos que desvelan las mentiras del supremacismo secesionista.

Ahora bien, otros ministros no han tardado ni siquiera una semana en repetir, doce años después, muy parecidas palabras a las que pronunció el expresidente del Gobierno cuando apoyó la reforma anticonstitucional del Estatut. Un texto radical y barroco, que entre otras joyas, creaba un poder judicial catalán al margen del estatal, instrumento idóneo para exculpar de sus latrocinios a los dirigentes, entonces moderados, de Convergencia y Unió. Que luego se radicalizaron para librarse de ir a la cárcel. Algunos de ellos, por cierto, ya están condenados y otros lo serán, muy previsiblemente, en el futuro. Por cierto, el nacionalismo vasco, que tiene el mismo objetivo independentista que el catalán, aunque lo gestiona de un modo más suave desde que el crimen fue derrotado por la democracia, también reclama un poder judicial propio.

Vuelve ZP. En apenas una semana estamos escuchando de nuevo sus bienintencionadas imprudencias en boca de varios ministros. Imprudencias inconstitucionales que, además, tienen ahora un plus de irresponsabilidad. Porque Zapatero contaba con el doble de diputados que el voluntarioso y audaz Pedro Sánchez. Ahora bien, ¿es preciso dialogar? Sin duda. Pero para ello tienen que cambiar de actitud los que han dado un golpe de estado parlamentario; los que siguen proclamando la quimérica república catalana; los que dicen que no van a renunciar a su unilateralismo y los que continúan bajo la férula chiflada del fugado de Berlín y bajo la siniestra doctrina identitaria de Quim Torra.

Para dialogar es imprescindible que quienes han dividido a la sociedad catalana cambien de discurso, se acerquen a la ley y a la cordura. Entre otras razones porque no cuentan ni con la mitad de los votantes, aunque la ley electoral les haya regalado una mayoría parlamentaria con la que, hasta ahora, solo han hecho el mal. Sencillamente, el mal. Porque dividir, provocar, acallar, mentir y apabullar a la mitad larga de los catalanes es hacer el mal.

¿Hay esperanza? Ojalá. Pero de momento las palabras de la ministra Batet promoviendo la reposición de artículos del Estatut que fueron anulados por el Tribunal Constitucional, solo invita a la indignación y a la melancolía. ¿Sigue vigente el ejemplar Pedro Sánchez que apoyó la aplicación del 155 y que quiso crear un nuevo tipo penal del delito de rebelión? Cualquiera sabe. En todo caso, no es nada descartable que el nuevo jefe de gobierno, fiel a sus bandazos oportunistas, quiera explorar una nueva versión del gravísimo error histórico de Zapatero.

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