Ximo de Fallas

CÉSAR GAVELA

Ximo Puig no ha acudido a la Escuela de Buen Gobierno que organizó en Madrid su partido. No pudo ser, tenía que estar presente en las Fallas. O, al menos, eso adujo. Una entrega tan intensa a las Fallas la suya, que ni siquiera pudo hacer un viaje relámpago para dejarse ver, y luego reintegrarse a la fiesta. Otros dirigentes socialistas, algunos tan ilustres como Felipe González, Rubalcaba o Susana Díaz tampoco asistieron a esa convocatoria y probablemente lo hicieron sin excusa. Y algunos de los que se acercaron, alternaron su presencia con declaraciones muy duras acerca de la situación actual del PSOE. Como Javier Solana, ministro muchos años y también responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.

Solana, y tantos dirigentes y exdirigentes del partido, y varios millones de votantes, que es lo que cuenta, están convencidos de que con Pedro Sánchez el PSOE tiene muchas posibilidades de convertirse en algo muy parecido al actual y mínimo Partido Socialista Francés, por poner un ejemplo cercano y clarificador. El PSOE atraviesa su peor momento desde hace 41 años. La responsabilidad de este desastre pertenece a sus militantes, que eligieron a un líder cuya talla política e intelectual es la propia de un concejal radicalizado de una pequeña ciudad. De ahí no pasa. Sánchez es un político sin discurso, sin carisma, sin capacidad integradora y sin convicción. Y así se puede despertar todo, menos la confianza. Sánchez y la confianza son dos conceptos que se repelen. Eso en política es determinante, y en casi todos los órdenes de la vida.

Sánchez es grito. Sobreactuación. Mareo y aburrimiento. Su voz abruma tanto por el tono como porque no dice nada. O muy poco. Dar voces para repetir gastados eslóganes es algo molesto. Aunque no les pareció así a esos militantes 'podemizados' que le llevaron en andas a una secretaría general que no para de cosechar escepticismo. El PSOE pierde votos en cada encuesta, es incapaz de recuperar nada, y para mayor desastre, la irrupción del nuevo Ciudadanos de Rivera-Macron le cercena cualquier intento de mejorar sus expectativas. Siendo, además, muy significativo que muchos de los votos que abandonan Podemos no se recalen en el PSOE. Prefieren la abstención o -quién lo diría- a Ciudadanos.

Ximo Puig no quiere unir su destino a Pedro Sánchez y hace muy bien. Tampoco lo hace Susana Díaz. Entre los dos gobiernan a 14 millones de ciudadanos, mientras Pedro Sánchez solo gobierna su demagogia. A su vez, la adusta y zapaterista Margarita Robles tampoco contribuye a seducir a los decepcionados. Y así se va amasando el derrumbe de los socialistas, lo que es una mala noticia para el país. La esperanza, acaso, podrá surgir cuando Sánchez, tras el previsible varapalo electoral que le aguarda el año que viene, se vaya a casa. Con Robles.

Fotos

Vídeos