Wonderwoman

Se enfrenta a los malos con una mirada de tristeza, nunca llevada por la ira; lo hace porque no tiene más remedio

VICENTE GARRIDO

Wondermowan es el mayor éxito de las carteleras de cine de este verano: más de 700 millones de dólares, y aún no ha terminado su exhibición internacional. Desde luego, es una película estupenda, muy agradable de ver; está muy bien interpretada por Gal Gadot y Chris Pine, y los efectos especiales (muy logrados, pero no apabullantes) están al servicio de la historia, y no al revés, como por desgracia es tan habitual en todas esas adaptaciones de historias gráficas al celuloide. Más allá de esto, lo que me ha llamado la atención es el contenido de muchas de las críticas, tratando de explicar por qué la película logra un impacto tan notable en la audiencia, al tiempo que la valoraban muy bien.

Gal Gadot es una heroína del todo creíble: es hermosa y representa de forma excelente ese estado de inocencia que se interroga por todo lo que desconoce, confinada como ha estado en una isla mítica poblada por amazonas. La Mujer Maravilla, a juicio de los críticos, vendría a representar la sensatez y los valores humanos frente a un mundo absurdo que solo se mueve para destruirse, lo que se ejemplifica por la Primera Guerra Mundial, época en la que transcurre la película. Esos valores humanos producen en nuestra heroína indignación y suscitan su compromiso para tratar de evitar, en la medida de sus posibilidades, el triunfo de tanta maldad, que en el film se encarna en un dios de la guerra que ha seducido a los alemanes.

Por otra parte (y a pesar de que el cine ya nos había brindado mujeres aguerridas provenientes del cómic como Bat Girl o Elektra) está el hecho de que es una mujer la que puede encarnar mejor que nadie la indignación hacia la injusticia y la guerra, y por una causa que no nace del odio, el infortunio o la venganza (como es tan habitual, véase Batman), sino del simple hecho de compartir el destino de los hombres. Wonderwoman se enfrenta a los malos con una mirada de tristeza, nunca llevada por la ira; lo hace porque no tiene más remedio.

Y sí, este argumento lo compro. Las mujeres, con su mayor inteligencia emocional, desde siempre y en todas las culturas son más capaces de ver lo irracional y destructivo de la violencia. Sin caer en maniqueísmos, la evolución no puede dejar a quien transmite la vida sin fuertes deseos de que ésta sea protegida. Nadie mejor que una mujer para ver desde fuera, sorprendida, cómo los seres humanos se las componen para hacer tantas veces de la vida un infierno. Este relato, esta historia de siempre en su esencialidad, ha triunfado en un verano como un entretenimiento digno ante una audiencia que cada vez que mira al mundo le dan ganas de preguntarse cómo es posible estar donde estamos. Vean lo último de Corea del Norte, al fantoche de su presidente y su misil intercontinental. O a Trump boxeando y machacando a la CNN. Puro cómic, pero del malo.

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