Vinatea y el debate de la plaza

MIQUEL NADAL

No sabemos hacer plazas. Primero tenemos el espacio y luego pensamos en la utilidad. El traslado del centro de la ciudad desde la Plaza de la Virgen hacia la actual del Ayuntamiento fue la consecuencia del traslado del Ayuntamiento, de la presencia de la estación de ferrocarril, de la necesidad de construir sobre los solares del antiguo Convento de Sant Francesc, y de la fructífera operación especulativa que fue la urbanización del viejo barrio de Pescadores. Pero no es la Grande Place. Acumulamos plazas con escaso éxito estético. La más acertada es la de Alfonso el Magnánimo, con el monumento a Jaume I. A veces he fantaseado sobre el traslado de esa estatua a la Plaza del Ayuntamiento, aunque soy consciente de que sus dimensiones la hacen especialmente adecuada en su ubicación presente. La mala suerte de la Plaza se acumula al nomenclátor sucesivo, y al desgraciado ornato. No es necesario que las plazas tengan monumento, y por eso habría que dedicar un pensamiento a revisar el de Francesc de Vinatea. Puestos a análisis retrospectivos, cualquier personaje, salvo los santos, puede esconder detalles que hoy nos horrorizan. Voltaire, hombre de letras, fue también comerciante filósofo, como él mismo se presentó, con intereses en el comercio colonial, acciones en la Compañía de Indias y participación indirecta en el comercio de esclavos. De hecho, Jean-Gabriel Montaudoin de La Touche, miembro de importante familia de la ciudad de Nantes, y cuya fortuna se edificó sobre la trata de negros, bautizó uno de sus barcos en 1768 con el nombre de Voltaire, y él mismo agradeció el gesto. El heroico mérito civil de Francesc de Vinatea se ha contado con profusión. Desde las crónicas de Pere el Ceremoniós, o Francesc Eiximenis, pasando por la conferencia que don Salvador Carreres Zacarés dedicó el 8 de octubre de 1933 al mito de Vinatea, y que editó ediciones Acció, o hasta la ópera Vinatea, con música de Matilde Salvador, y letra de Xavier Casp, o las últimas recreaciones de Vicent Baydal en València no s'acaba mai, todo confluyó en el mito incontestable del Vinatea defensor de la unidad regnícola frente al Rey, y en la visión de la ciudad como protectora del Regne de València. Toda biografía esconde un sin embargo. En 1313 Francesc de Vinatea descubrió a Na Carbona, su esposa, retozando en la cama con el escudero. Un clásico. El posterior héroe mitificado por su episodio de enfrentamiento al monarca asesinó a espada al escudero y a su propia mujer, embarazada. No habría que convocar ningún Pacto contra la Violencia para calificar los hechos. Cuenta Carreres que en un bando para la procesión del Corpus de 1355 la confluencia de las calles Corretgeria, Cadirers y Calatrava recibía el nombre de plaza de Vinatea, donde vivía. Ahora mismo hay un solar libre para plaza y estatua antes que nos saquen los colores. Por muy del siglo XIV que fuera ese acto no es un detalle biográfico que se pueda disimular.

Fotos

Vídeos