La vigencia de Frankenstein

MÁS DURA SERÁ LA CAÍDA

La obra de Shelley nos avisa de que los seres abandonados a su suerte se volverán contra nosotros como monstruos

VICENTE GARRIDO

Todavía están a tiempo de visitar el Palau de Cerveró, en la Plaza Cisneros, para contemplar la exposición que conmemora la aparición, hace doscientos años, de la imperecedera obra de Mary Shelley 'Frankenstein o el moderno Prometeo' (hasta el día 23 de este mes). La exposición se centra en el diálogo entre la Ciencia y la Literatura, y por muy buenas razones. Shelley fue una mujer de gran cultura y pensamiento abierto, que estaba al día de los avances científicos de aquellos años; en particular conocía bien los experimentos de la época para dotar de movimientos espasmódicos a cuerpos inertes mediante los impulsos eléctricos. Dado que en su novela el Dr. Frankenstein pretende crear una persona mediante su ciencia, ensamblando partes de cuerpos de cadáveres, se comprende que una de las grandes lecturas de la historia de Shelley haya sido la responsabilidad de los científicos a la hora de escoger sus proyectos con respecto a los valores que la sociedad pretende establecer. Y sin duda una de las grandes preguntas es si podemos traspasar los límites impuestos por Dios o por la Naturaleza.

El libro tuvo un éxito instantáneo, apoyado por el escritor romántico de aventuras Walter Scott, y pronto se representó a ambos lados del Atlántico en los teatros, e incluso Edison, en los albores del cine, produjo una versión. Estos dos siglos transcurridos no han hecho sino confirmar su vigencia como icono cultural. A mi juicio, el tema de la posibilidad de crear vida, aun siendo poderoso, no basta para justificar su indudable vigencia y fascinación. Hay otras muchas lecturas de Frankenstein y entre ellas destaca también la pulsión humana de la venganza frente a la traición. El Dr. Frankenstein se desentiende de su criatura cuando observa su aspecto horripilante en sus primeros esbozos de la vida que él ha creado. Lo abandona, condenando al engendro a tener que subsistir sin los cuidados que, como recién nacido, hubiera necesitado. Como reacción, el monstruo asesinará a tres personas allegadas al doctor.

De este modo, la desolación que impregna toda la novela bien puede entenderse como una fábula poderosa de la importancia de saber emplear la libertad. La criatura tiene una gran capacidad de reflexión; tras desarrollar de forma ardua su intelecto mediante la observación es capaz de pensar acerca de sus circunstancias, y por ello toma con plena conciencia la decisión de convertirse en un asesino múltiple, tal y como anteriormente su creador tomó la decisión de abandonarlo a su suerte y seguir con su vida burguesa, si bien profundamente perturbado por lo que había hecho. En los albores de la gran revolución científica del siglo XIX, Frankenstein nos avisa de que los seres abandonados a su suerte se volverán contra nosotros como monstruos. Este mensaje sigue siendo hoy tan vigente como en 1818, sino más.

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