LA VIEJUNA MEMORIA HISTÓRICA

Qué mundo éste que si yo ahora propusiera que la Constitución fuera una línea estratégica de la formación del profesorado, alguna sospecha recaería sobre mí. En cambio, qué políticamente natural suena que la memoria histórica/democrática sea la principal novedad de las prioridades de la Conselleria en la materia. Termino la ironía. Qué absurdo que lo que nos une, nos separe; y lo que nos separó, pretenda unirnos.

Para situarles: hace unos días, la Conselleria publicó el llamado Plan Anual de Formación Permanente del Profesorado (PAF) que establece las líneas estrategias en este asunto para este curso. Y en este plan, la novedad, para la introducción de la memoria histórica «se considera muy importante que, para evitar que ciertas situaciones vuelvan a repetirse, en la educación de las futuras generaciones se garantice una conciencia pública de lo que ocurrió» señala la propia Administración.

El otro motivo es que el proyecto de Ley de la Generalitat de Memoria Democrática y para la Convivencia Valenciana que prepara el Consell obligará a los centros a introducir la llamada «memoria democrática» en los currículos educativos. No basta dar Historia sino hay que enfocarla.

De nuevo la Administración educativa se adelanta a las normas más ideológicas del Consell, como hizo con el protocolo para la detección y atención de alumnado transexual antes de que se aprobara la norma que lo regulaba.

Enmarcado el asunto, el debate se centra en si la memoria histórica es el mejor modo de lograr lo que se propone y, por otro, si realmente debe suponer una línea estratégica, por prioritaria y/o urgente, en la formación de nuestro profesorado.

Visto lo visto, no parece que la memoria histórica, ahora democrática, beneficie tanto a la convivencia como se pretende. O más bien por coste de oportunidad, quizás habría otras iniciativas que a ello ayudarían más. Sin ir más lejos, los socialistas acaban de proponer «una asignatura que potencie los valores cívicos, constitucionales y democráticos». Es lo que tuvo que ser Educación para la Ciudadanía si el currículo, como ocurrió en otros países, hubiera sido pactado por los partidos mayoritarios. A su modo, es lo que quiere la asignatura de Valores de la Lomce.

Si algo han demostrado los sucesos políticos de estos meses ha sido la confusión democrática de aquellos que ven mayor lustre en la ilegalidad y trile parlamentario. Si algo se requiere transmitir en las aulas para mejorar la convivencia es nuestro sistema democrático, su marco legal que garantiza nuestros derechos y libertades y la responsabilidad que todos tenemos como ciudadanos para su construcción democrática, y el papel e interconexión de nuestras instituciones autonómicas, estatales y europeas. La escuela, justo, representa una de esas instituciones sociales claves para nuestra democracia.

Toda memoria histórica que desborda los contenidos de historia es sospechosa por sectaria. Y si calza justa, es innecesaria. Pero más allá de estas consideraciones, me da que los riesgos para la convivencia en nuestras aulas no están en los postulados de hace 80 años, ni en recuperar aquellos valores que ya no dan respuesta a la sociedad de hoy. Las necesidades de nuestros escolares no las encontrarán ahí. Ni las carencias formativas de los docentes. Es todo ideología vieja.

Queda la discusión de que si la memoria democrática requiere ser prioridad para la formación del profesorado. Lo primero a destacar, que tal formación es libre para el docente, por lo que éstos se formarán en aquello que consideren, sea prioridad de la Conselleria o no.

No parece urgente ni prioritario este asunto, por mucho que obligue el nuevo proyecto de ley a introducir estos contenidos en los currículos, pues no se trata de ningún descubrimiento nuevo, ni de un contenido al que los docentes sean ajenos. Y, por supuesto, hoy por hoy no responde a ninguna urgencia escolar, pues puestos a hablar de convivencia, parecen más oportunos asuntos como el racismo, el acoso escolar, la resolución de conflictos y la Educación inclusiva. De ésta hay que decir que se esperaba (al menos yo) que fuera la gran sorpresa edu-política para esta legislatura y van pasando los meses...

Supongo que esto de la memoria histórica será otro de esos peajes programáticos cuya única importancia es la que le da quien gobierna y que al ciudadano, mientras no sea cara y no perturbe demasiado su vida, le vale.

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