Viejas leyes como nuevas fronteras

PEDRO ORTIZ

L'Associació de Juristes Valencians y la asociación de exparlamentarios valencianos han sido las últimas en reclamar que se recupere el derecho foral. Estas demandas se dejan oír de vez en cuando y son muchos quienes quieren restaurar las antiguas leyes del Reino de Valencia, desde historiadores a científicos, pasando por la práctica totalidad de los sindicatos y asociaciones empresariales y, por supuesto, los partidos de un lado y del otro. Quizás fuera más sencillo enumerar a quienes están en contra de la recuperación de los fueros. Por ejemplo, un servidor.

La reparación del antiguo derecho civil valenciano no tiene el propósito, según mi impresión, de mejorar la vida de los ciudadanos, como los ingenuos creen. Les Corts, basándose en los fueros, legislaron sobre las uniones de hecho, la preferencia de la custodia compartida y el régimen económico matrimonial de separación de bienes en vez de gananciales y las tres normas fueron tumbadas por el Constitucional, ciertamente por cuestiones técnicas. Pero tampoco eran tan trascendentes para la vida de los valencianos.

El objetivo final de este afán por volver al código civil medieval es separarse un poco más de las leyes españolas, distanciarse de los vecinos en lo que fuere: en el derecho, en las particularidades del baile de la jota, en los ingredientes del almuerzo o en la gallina autóctona. Hay que diferenciarse del otro: somos tan distintos de nuestros vecinos que tenemos derecho a tener un gobierno con más competencias.

Así llevamos desde 1978 en España y en la Comunidad Valenciana. Toda autonomía es poca o eso les parece a los gobernantes autonómicos, cuando en ningún lugar del mundo occidental hay un país más descentralizado que España. Como si toda cesión a las comunidades autónomas fuera sinónimo de mejora. Ahí está la sanidad, despedazada, pese a que ni los enfermos, ni las enfermedades, ni los medicamentos son distintos de una comunidad a otra. Los distintos son los políticos que manejan el dinero de los contribuyentes y que en algunos lugares imponen un personal sanitario al darle más mérito por su lengua que por sus conocimientos médicos.

Lo importante, para ellos, es ser distinto, pese a vivir en un mundo cada vez más interdependiente. Y creen que a ello también contribuye rescatar leyes medievales. Así se profundiza en la división, se potencia lo que distingue a unos de otros y se abre más brecha con el paisano, que pasa a ser foráneo. Ahora que se tiende a un mundo sin fronteras, se quieren construir otras nuevas lindes basadas no en barreras físicas sino en leyes, aunque sea con un regreso a la Edad Media. Lo cierto es que la pretensión real de los gobernantes es acaparar más poder a partir de una pretendida diferencia; es no tolerar otros gobiernos ni leyes por encima de su gobierno y sus leyes.

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