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No sé en qué momento se acordó que las conversaciones telefónicas de los demás son de interés público

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Subo al metro en la estación de Aragón. Estoy leyendo 'En defensa de España', del historiador Stanley Payne, un ensayo desmitificador en el que replica algunas teorías interesadas que a lo largo de los siglos han tratado de desprestigiar a nuestro país y que tiene en la famosa leyenda negra de la colonización de América su exponente más claro y conocido. Es un buen momento, unos minutos en que desconecto del móvil, de la actualidad, de Puigdemont, del tripartito, de las portavozas y otras zarandajas sostenibles y paritarias y me centro en una lectura tranquila y a la vez estimulante, enriquecedora. Es fundamental encontrar un buen sitio en el vagón, a ser posible en un extremo, y ayuda mucho que la música ambiental sea clásica, que al menos a mí me acompaña y me permite concentrarme. El día no puede empezar mejor. Estoy con la conocida como primera guerra civil castellana, el enfrentamiento entre Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara pero en esto que suena un teléfono, ti-ro-ri-ro, ti-ro-ri-ro, no es el mío, a mi lado hay un señor mayor que contesta, «¡ah, hola, ¿qué tal estás?», mientras yo sigo con la batalla de Montiel, «pues ya ves, sí, hablé con él, me dijo que en el pueblo hay casas baratísimas, que por menos de 5 millones de pesetas encuentras una», ¿menos de cinco millones de pesetas?, pienso, ¿pero quién habla aún de pesetas?, y me doy cuenta de que me he ido de la lectura, así que vuelvo, la segunda guerra civil castellana, Isabel y Juana la Beltraneja, pero va y suena otro móvil, ti-ro-ri-ro, ti-ro-ri-ro, el de la mujer de enfrente, «mira, yo lo que tengo claro es que si el niño no quiere estar con ella por mucho que el juez le dé la custodia no hay nada que hacer», me quedo preocupado, pobre madre, o pobre niño, «son cinco millones de pesetas pero tienes que hacer obras», sigue el de al lado, Isabel (la futura reina católica) se ha casado con Fernando de Aragón en 1469, «lo que pasa es que el padre pasa de todo y el niño ha salido raro, le quiere hacer la vida imposible a su madre», un drama, concluyo sin tener todos los datos, con un ojo en el texto y otro en la señora parlante, «y el pueblo es agradable, es pueblo-pueblo» prosigue el hombre, ¿qué pueblo?, me pregunto y casi le pregunto a mi vecino mientras intento recobrar la concentración perdida, dice Payne que en 1512 con la anexión de Navarra a Aragón todos los reinos hispánicos menos Portugal pasaron a formar parte de la misma herencia patrimonial, «pues a ver qué hacemos», concluye la de enfrente, «mañana iré a hablar con él», finaliza el otro (pero ¿con quien?, me gustaría saber), mientras yo, derrotado, cierro 'En defensa de España', bajo del metro y mientras camino hacia el periódico recuerdo esa información de esta semana que aseguraba que ahora se lee más que nunca, también en el metro, en diferentes soportes. Pues será que he pillado el tren que no debía. Bienvenidos al Gran hermano telefónico.

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