VIDA PALACIEGA

Mª ÁNGELES ARAZO

Entre las visitas guiadas que tanto proliferan para atracción de turistas, siempre hay algunas que no pasan de meros proyectos, y entre ellas quedan las que se anunciaron para descubrir los restos arqueológicos del Palacio Real, los que se rescataron después de permanecer enterrados, integrando la popular Muntanyeta de Elio en los Jardines de Viveros.

Como es costumbre en estos casos, folletos ilustrados y paneles con grabados expusieron los antecedentes históricos sobre el monumental edificio, cuyo origen fue una residencia musulmana, rodeada de jardín, de la que quedó prendado el rey Jaime el Conquistadsor al llegar a Valencia. Mas los buenos propósitos divulgativos se esfumaron. No obstante vamos a dejar constancia, porque los monarcas que siguieron a Jaime I marcaron allí sus huellas, tanto en el conjunto de construcciones que lo ampliaron como en el embellecimiento de los huertos; es decir, se escribieron páginas según la personalidad de quienes lo habitaron.

La Reina María, la esposa de Alfonso V el Magnánimo, piadosa y resignada a sus constantes ausencias, dedicó especial atención a la capilla del palacio, enriqueciéndola con tallas, cuadros, reliquias y orfebrería.

Dadivosa y seguida de una corte de damas castas y poco rientes, ofreció al Monasterio de la Santísima Trinidad el icono 'La Virgen de la Vela', un pedacito de madero de la Cruz y tres espinas de la corona de Cristo. Allí pidió que la enterrasen y allí siguen respetando las hermanas clarisas el lugar donde se retiraba para sumirse en la oración: 'el Tocador de la Reina'.

Otra mujer, Germana de Foix, casada con Fernando el Católico y, más tarde, con el Duque de Calabria, quiso resarcir al palacio con vida cortesana. Virreina de Valencia, amante del lujo, de la música y de las escenificaciones amorosas, con punzadas de equívocos e imposibles encuentros, propició fiestas en el jardín, que lo mismo cubrían con falso cielo, telón pintado primorosamente para evitar el sol o la humedad nocturna, que instalaban una fuente para entronizar a un joven Cupido, cuyo lema rezaba: «Soy la fuente del deseo; que su deseo alcanzará quien de esta agua beberá...» Y con fe, bebían.

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