La vida cotiza a la baja

DIEGO CARCEDO

Se expande la democracia por los cinco continentes -con mucha lentitud también es cierto-, mejora el bienestar, aumentan los niveles culturales y se nos llena la boca a diario hablando de paz, pero el respeto por la vida ajena continúa brillando por su ausencia en nuestra sociedad. Un ejecutivo de traje impecable y corbata a rayas dirá, parodiando al argot de Wall Street, que la vida cotiza a la baja.

Propendemos a pensar que sólo las guerras, ahora como la de Siria, empañan al mundo de sangre. Y es cierto, para qué sembrar dudas. Pero tanto como las guerras convencionales a la hora de sumar muertes violentas sufrimos otros azotes de violencia que no paran de sumar víctimas. Empezando por la más próxima, la que se produce en el interior de los propios hogares.

En España, y España no es una excepción ni mucho menos, cada semana pierden la vida a la que tienen derecho, por lo menos, dos mujeres. Asesinadas muchas veces por quienes se habían comprometido a protegerlas. Hay una amenaza silenciosa pero implacable que las acecha donde el calor familiar y humano debería arroparlas. Y lo grave es que para la violencia de género no se ve solución.

Entre las lágrimas y la indignación que despierta cada muerte o maltrato físico se entremezclan exigencias al vacío de ponerle cota y promesas de los poderes públicos de que se adoptarán medidas; medidas que cuando llegan resultan insuficientes o ineficaces para erradicar la amenaza. Es triste lo que ocurre en el seno de bastantes familias y preocupante la incapacidad para evitarlo.

El terrorismo en sus diferentes orígenes es otra amenaza para la vida de todos que nos sitúa ante esa realidad tan antigua como el ser humano que ni siquiera el Quinto Mandamiento ha logrado nunca evitar. Ahora es el terrorismo yihadista el que masacra sin discriminación; un terrorismo de una brutalidad terrible, pero antes fueron otros, empezando por el sadismo nazi, y es de temer que este no sea el último.

Con todo, quizás donde actualmente el mayor desprecio por la vida ajena en la convivencia cotidiana esté radicado es en Latinoamérica. La violencia generada en torno al narcotráfico causa muertes diarias, irradia la normalidad de restarle valor a la vida de los demás y neutraliza a los responsables de evitarlo. Varios países encabezan el triste récord de muertes por violencia callejera.

El ranking, que durante años encabezó Colombia, se lo disputan ahora Venezuela, Honduras, Guatemala y El Salvador, aparte de México, donde progresa de una manera cada día más alarmante. En los primeros cuatro meses del año, sólo en la capital se perpetraron 335 asesinatos, casi tres diarios. Caracas no anda lejos en proporción al número de habitantes, pero gana ampliamente en el porcentaje de los que quedan impunes.

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