VICEPRESIDENTA, NO ME GUSTA

BURGUERA

Hay cosas que hace la vicepresidenta Mónica Oltra que yo también haría. A veces actúa de una manera que yo no tendría las narices de imitar, como cuando pidió disculpas a dos periodistas durante una comparecencia tras el pleno del Consell por haber metido la pata con no sé qué papel. Lo nunca visto. A pesar de que mi firma ha acompañado noticias muy críticas con su gestión o con su perfil político, recibo de Oltra un trato cercano, inmejorable, y por el que le estoy agradecido por el contraste respecto a otros protagonistas de las crónicas, acertadas unas veces y desacertadas otras. Es la vida.

Pero.

Vicepresidenta, no me gustó el acto en la Rambleta de hace un par de semanas, y aún me incomodó más la presentación de un anteproyecto de ley, el de la infancia, la pasada semana. Por descontado que las trapacerías cometidas por el PP me parecen más graves y me desagradan más. Dice de vez en cuando la vicepresidenta: lo que es, es, y lo que no es no es... Añado yo: y lo que fue no justifica lo que es. Me desagradan las presentaciones de leyes de contenido social como si las protagonizase Steve Jobs o Madonna, auriculares, micrófono incorporado, power point y demás alharacas. No me gustó lo de incluir a menores en la presentación de la Ley de la Infancia. No me gustó lo de meter en un teatro con 1.200 personas para explicar una futura Ley de Servicios Sociales que muchos de los presentes se la conocen ya porque participaron en su elaboración, asesoraron sobre ella o se reunieron previamente con la propia Oltra para explicarle sus inquietudes. Seré un clasicazo e incluso es probable que ya fuese un niño viejo, pero pienso que se equivoca al espectacularizar su gestión. Y lo dice un tipo que ayer estaba bien contento firmando una noticia ilustrada con un satírico montaje (un trabajo excelente) de las caras de los consellers en el fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina (o Ximostina). Es la vida.

En otros tiempos, la diputada de Compromís utilizó camisetas, lo cual me genera dudas, pero entiendo que, dentro del punto de escenografía y teatralidad que rodea a la política en general, lo de las camisetas tiene su explicación, al margen de los textos. Pero no me gusta que la presentación de leyes se convierta en actos teatrales de reafirmación. El Botánico inició la legislatura en Les Corts retirando un ágape por creer necesario hacer un esfuerzo de austeridad. «El valor supremo es ahora divertirse y divertir, por encima de toda otra forma de conocimiento o ideal (...) La frivolidad desarma moralmente a una cultura descreída». Vargas Llosa escribió esto en 'La civilización del espectáculo'. Lo comparto. Luego se emparejó con Isabel Preysler y lo contó en 'Harper's Bazaar'. Es la vida.

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