Todos de viaje, como Oltra

PEDRO ORTIZ

El concejal de Movilidad Sostenible de Valencia, Giuseppe Grezzi, se ha inventado unas cuantas señales de tráfico, aunque quizás haya que llamarlas señales de movilidad sostenible. Sí, ya sé que me pongo pesado con los nuevos nombres, pero aún no me he acostumbrado a la imaginación de los nuevos gobiernos, que bien que saben que el nombre hace a la cosa. Así que Grezzi voltea nombres, diseña flamantes señales y hasta presume de ser un ejemplo para la DGT. Dice Grezzi que la DGT está pensando incorporar sus figuras a las señales habituales de tráfico (la DGT aún no es dirección general de Movilidad Sostenible, pero todo se andará); es decir, que para Grezzi, la convención de Viena firmada en 1968 por los países europeos para unificar las señales está pendiente de las ocurrencias de un concejal valenciano para aplaudirlas e incorporarlas al catálogo europeo. Delirios de grandeza sólo superados por aquel Zapatero que con Obama marcaba un «acontecimiento histórico en el planeta», en palabras de Leyre Pajín. Y si no, la Alianza de Civilizaciones, así, con mayúsculas.

Corren tiempos de adanismo, como si todo lo anterior no sirviese o estuviera mal hecho, incluidas las señales de tráfico. Cualquier político pretende convertirse en el origen del origen y se tira de cabeza a una vorágine de circulares, normas y leyes incontables. Los expertos aseguran que ningún país ¡en el mundo! produce tantas normas por minuto. Para eso están los 9.000 ayuntamientos, las más de 40 diputaciones, los 17 gobiernos y parlamentos autonómicos, más el Ejecutivo y el Parlamento español. Y Europa, que aunque los europarlamentarios no acudan al trabajo, legislar legislan mientras cobren.

Leyes incluso para destruir lo que se había conseguido con tanto esfuerzo. Un paisano se quejaba hace unos días que en su viaje por España podía o no podía usar en la farmacia su receta médica valenciana, dependiendo de la comunidad autónoma en la que se encontrase. En unas sí, en otras no. Hasta que los legisladores autónomos se pusieron a reglamentar como posesos, cualquier receta de cualquier lugar de España servía en cualquier otro lugar; ahora se necesitan convenios especiales entre comunidades. Como siempre: crear problemas y después presumir de solucionarlos.

Pienso en el tan criticado viaje de Mónica Oltra a Oriente Medio. Yo lo aplaudo al menos por dos razones. La primera, porque mientras que la vicepresidenta y etcétera (los nombres, ay, otra vez los nombres) haga de consellera de Exteriores, el Consell no cae en la estúpida tentación de nombrar un conseller de Exteriores. Y dos, porque mientras Oltra viaja no normativiza ni alumbra nuevas disposiciones. Una semana lejos de la Comunitat es una semana sin nuevas normas. Y sin nuevas señales. Una semana de tregua. Todos deberían irse de viaje. Qué descanso.

Fotos

Vídeos