El viaje maldito

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Hace poco más de un año, el viaje que se hizo a Singapur pretendía hormigonar el futuro del Valencia. Hoy, aquella expedición es como el cartel de toros de Pozoblanco, donde todos sus miembros pagaron con infortunio su presencia en el albero. De los jugadores que aterrizaron en Asia para ser agasajados por un grupo de extras, tan sólo quedan Jaume y Santi Mina. Y este último, conforme está el patio, no es descartable que salga en próximas fechas. Alcácer, que llegó a Asia para lamer sus heridas tras quedarse fuera de la Eurocopa, fue vendido por el dueño para equilibrar el balance económico. La propiedad quiso vestir el santo con una posición de fuerza del de Torrent cuando la realidad es que Lim ofreció al delantero en una cena con sus amigotes. Javi Fuego, que iba a dotar de sentido común a la plantilla, también se fue para subirse al tren del Espanyol, el último gran contrato de su carrera. A Ryan lo acaban de despachar por seis millones de euros al fútbol inglés para lograr dinero debajo de las piedras. Pako Ayestarán, el técnico, fue finiquitado tras los cuatro primeros partidos de la anterior campaña. Lim lo soltó a porta gayola en su acto de becas olímpicas en Singapur para guillotinarlo a las primeras de cambio. El director deportivo, Jesús García Pitarch, se despidió con el nuevo año harto de mil y una cosas. Después fue el turno de Peter Draper, el gurú del marketing que se marcho igual que vino. Sin un patrocinador, maravillado del sol de Valencia y con la hilarante imagen del inflador debajo del sobaco durante el partido entre jugadores del Valencia y autoridades de Singapur. El tsunami arrastró incluso a la que hasta hace unos días era la presidenta, Layhoon Chan, que tuvo que huir a la carrera del palco en la eliminatoria copera del Celta. «Yo soy Peter Lim», dijo para rubricar su divorcio con la afición. Voro, que también estuvo en Singapur, ha ejercido desde entonces de delegado-entrenador-delegado-mano derecha de Alemany. Ahora le ha tocado a Damià Vidagany. El viaje del futuro se convirtió en maldito. Nubarrones se avecinan.

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