En la verja del cuartel

Mª ÁNGELES ARAZO

De hierro, las pequeñas cabezas de los caballos sobresalen en la verja de los antiguos cuarteles que existen al final de la Alameda; allí donde no hay cafeterías y el jardín se remansa perdiendo frondosidad.

A las figuras equinas no las vincula hoy ningún niño a un arma militar; y si lo hace es porque ha visto películas del Oeste, de indios, de romanos o de mejicanos revolucionarios.

¿Y los soldados iban a caballo?, preguntarían desconcertados.

Iban algunos, quién lo diría. En Valencia existió hasta 1930 el Regimiento de Victoria Eugenia.

También tuvieron vigencia los húsares; y transcribo del diccionario: "Un cuerpo de caballería ligera que vestía uniforme copiado de la caballería húngara, con galones, chaquetilla echada sobre el hombro y casco metálico coronado por un penacho de plumas".

Luciendo tal atuendo era preciso que los mozos se sintieran importantes arriba del caballo y se ofendían si alguien los comparaba con comparsas de opereta, sabedores además de que en el desfile constituían un esperado espectáculo, siempre aplaudido.

Con el tiempo, lo último que se recuerda son marchas de trompeta, música metálica que cortaba la noche, interpretada por militares a caballo, quienes cabalgaban junto a otros portadores de altos faroles.

Se trataba de la famosa retreta militar de la Feria de Julio, que volvía a cautivar en la cabalgata de Los Reyes Magos, tan ovacionada por la gente joven. Sin embargo, un año se suspendió sin saber cómo ni por qué. ¿Se rompieron los faroles que jugaban a ser lunas sostenidas en unas lanzas..? ¿Se murieron los caballos de puro viejos, sin que nadie los sacara de las cuadras y los llevara a un prado..? ¿Desapareció el presupuesto, que es lo más común en casos similares?

El Ejército fue motorizado y los caballos que se importaban son los invisibles en los motores automovilísticos.

Las pequeñas cabezas equinas pasaron de ser emblema a recuerdo.

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