VERGÜENZA

JOSÉ-ANTONIO BURRIEL

Muy probablemente, los lectores de esta columna estarán más que hartos de noticias, comentarios, artículos, etc. sobre Cataluña. Además, hoy martes las cosas parece que van poniéndose en su sitio, aunque aún tenemos follón para rato. Pero sobre Cataluña sí voy a decir algo que me avergüenza mucho como persona y como ciudadano, pero muy mucho. Y que me parece, asimismo, de lo más miserable que he presenciado en muchos años.

Me parece miserable -lo es y además delictivo- la manipulación de los menores para hacer bulto en la calle, para servir de posibles escudos ante una carga policial, para justificar la ocupación de los centros educativos. ¡Miserable y vergonzoso! Como miserable es la manipulación de la razón y de las emociones y de los sentimientos de los menores por parte de los profesores -eso sí, profesores hábilmente manipulados por los políticos dirigentes-. Si educar es mentir, empujar al rencor y al odio y tergiversar los hechos de la historia -están ahí, documentados, inamovibles- ¡yo no estoy educado, soy un maleducado! Porque a mí me enseñaron a respetar las leyes -aunque durante largos de mi vida estuviera viviendo en dictadura y no en democracia-. Porque a mí me enseñaron historia. Porque a mí me enseñaron mis padres valores verdaderos, y no permitieron, doy fe de ello, que ningún profesor me manipulara.

Y siento vergüenza, y mucha, porque los padres catalanes que han permitido, o acompañado, que sus hijos fueran utilizados como marionetas, no han cumplido con el deber esencial de sus vidas: educar a sus hijos. Cuándo los menores se conviertan en mayores y sean maduros para comprender los hechos, ¿qué pensaran de unos padres que les permitieron participar en hechos delictivos y miserables? Repito: he sentido y siento mucho dolor por la vejación al que se ha sometidos a muchos menores. Y después que algunos vengan a hablarnos de los niños soldados de tantas guerras de africanas. ¡Pobre Cataluña si se fundamenta en la vesanía sobre los menores!

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