VERANEO

JESÚS REINA

La noche empieza y acaba cuando uno se acuesta o se levanta, porque en este mundo ibérico, la rotación terrestre y el efecto de la luna tiene más que ver con los cultivos que con nuestros risueños comportamientos. Similar sensación tengo con el verano, aunque eso sí, más vinculado al calendario escolar.

Estos días he confirmado que mis amigos tienen razón, porque incluso a pesar de llevar el aporreado portátil, es como ellos dicen, suelo estar siempre de vacaciones. Este verano nos hemos ido a donde vivo, entre el Montgó y el Pirineo, y con ello, el veraneo ha sido muy gozoso.

Donde las montañas pirenaicas no superan los tres mil metros, la gente de los valles opina que con agosto se despide el verano, porque las tardes son lluviosas y el frío te despierta con azotes. Pero esta vez ha llovido más en Dénia que en el valle de los avellanos, llegando a anticipar un falso otoño con el enrojecimiento de robles y hayas, una caída de hojas por el extraordinario efecto del calor, dejando sin florecer las añoradas setas.

A nivel general, el ciclo desde 2013 a 2016 ha sido muy seco, especialmente en la Comunitat Valenciana, y más concretamente en los sistemas del Serpis, Marina Alta y Baixa. Después de un 2014 con precipitaciones pírricas, se llegó a limitar el consumo de agua poniendo en riesgo el modelo turístico del que vivimos.

Pero este año en la Marina Alta hemos alcanzado cifras de precipitación acumulada de casi 500 litros por metro cuadrado por municipio, con 489 en el caso de Dénia hasta el mes de agosto, superando incluso la cifra anual de todo 2016. El pueblo campeón ha sido Castell de Castells, con un total hasta el momento de 873 litros.

A pesar de esta situación, la cuenca del Júcar sigue en alerta por sequía meteorológica e hidrológica, con embalses al 32%, muy por debajo de la media estatal, y por eso, más nos vale que sigamos en guardia para no sucumbir agostados en nuestra estacional economía.

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