Venga, venga, ánimo, a cambiarlo todo

La auténtica revolución del lenguaje: hay que acabar con el dominio del género masculino, que durante siglos ha impuesto su ley

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Si no puedes con ellos y ellas únete a ellos y a ellas. Muy bien, Pedro Sánchez, Urkullu, Irene Montero, Susana Díaz, Zapatero y resto de políticos y políticas, sindicalistas y sindicalistos, famosas y famosos, seguidores todas y todos del lenguaje no sexista y políticamente correcto, habéis ganado, me rindo, para vosotras y vosotros la perra gorda y también el perro gordo, los dos, a partir de ahora compañeros y compañeras a todas horas, y vascos y vascas, andaluces y andaluzas, profesores y profesoras, abogados y abogadas, jueces y juezas, y así hasta el infinito y más allá. Pero entonces, ya puestos, vamos con todo, machotes (¿y machotas? ¿hembrotas?) no paremos, promovamos una auténtica revolución, cambiémoslo todo, atrevámonos a derribar el anticuado, machista, retrógrado y fascista edificio del lenguaje, un corsé que nos oprime, que no nos deja respirar y expresarnos como queremos, como somos, hombres y mujeres plurales, diversos, libres. Empecemos de cero y cera, construyamos algo nuevo y nueva, sin apriorismos y apriorismas producto de una educación arcaica, franquista. Porque, vamos a ver, ¿acaso no se han dado cuenta del agobiante dominio del género masculino en todos los conceptos que utilizamos a diario? Por ejemplo, vamos a comprar al mercado, o al supermercado. Error. A partir de ahora diremos: vamos a comprar al mercado y a la mercada, o al supermercado y a la supermercada. Más. Voy a coger el autobús. Error: voy a coger el autobús y la autobusa. Sigamos. Mamá (y papá), me voy al colegio. Ya no. Ahora sería: me voy al colegio y a la escuela (aquí cabe esta doble denominación). Otro caso: niños y niñas (aunque los dos hermanos sean chicos, pero por si acaso), vamos a ver al abuelo y a la abuela y luego iremos a comer a un restaurante y a una restauranta. Pero mamá, si la abuela murió hace ya tres años. Niño calla. En política, un terreno especialmente sensible y en el que la discriminación es evidente: por ejemplo, los ministerios. El Ministerio del Interior. No señor. El Ministerio y la Ministeria del Interior y la Interiora. En Valencia hay que hacer el camino inverso: la Conselleria y el Consellerio de Sanidad y Sanidod. El Ayuntamiento y la Ayuntamienta de Valencia/València/Valéncia. El abrumador dominio durante siglos del género masculino ha impuesto un lenguaje a su medida. Hay que acabar con él. Fíjense en los deportes: el fútbol, el baloncesto, el balonmano, el tenis, el atletismo, el ciclismo... Al femenino le dejamos la natación, la gimnasia y la Fórmula 1, aunque luego todos los pilotos sean hombres... Es verdad que será todo más farragoso y farragosa, que necesitaremos más tiempo y tiempa, que hablar, escribir, comunicarnos se va a hacer mucha más complejo y compleja, pero valdrá la pena y el peno, un avance y avanza real, progresista y progresisto. ¿Les parece absurdo (y absurda) este desahogo y desahoga? Denles tiempo. Y también tiempa.

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