Veinte años de neurodesarrollo

Veinte no es nada y es mucho. Nada porque contemplando el micromundo de nuestro entorno donde por doquier se perciben las ansias de trascender a ultranza y de entender nuestra propia existencia, nos topamos con la realidad de que una o dos generaciones apenas representan una minúscula gota de agua en el océano del devenir humano. Por otra parte, qué pocos se acuerdan de los padres de nuestros abuelos que amamantaron la vida y el desarrollo de nuestro propios congéneres. Todo siempre tan próximo y tan lejos.

La vida es un suspiro, pero es vida, y aunque parezca corta da tiempo para casi todo. Porque veinte años también es mucho dependiendo del desarrollo vital y profesional de cada persona y más aún si nos referimos al entorno del desempeño médico. Hemos sido testigos como en cuatro décadas de desarrollo científico y tecnológico todos los planteamientos del devenir de la medicina y del neurodesarrollo han cambiado de forma inimaginable.

En neurociencias los cambios vertiginosos alcanzados parecen increíbles y no tener fin.

Cada uno recuerda los cambios producidos en su ámbito profesional y si analizamos el área de las neurociencias los cambios vertiginosos alcanzados parecen increíbles y no tener fin. Un ejemplo son los estudios de neuroimagen, recordando al respecto cuando en los años 70 éramos protagonistas de la realización de las «neumoencefalografías» con un simple aparato de rayos X. Hoy los residentes apenas usan las radiografías simples de cráneo.

Sobre la neumoencefalografía, ¿es cierto que a los niños mediante punción lumbar se les introducía aire por el espacio subaracnoideo para que, mediante un flexión forzada del cuello, llegase a las cavidades denominadas ventrículos cerebrales? ¿Y se les daba una voltereta, a mano, para que el aire pasase luego a los llamados cuernos temporales? Pues sí, hay que responder con cierta turbación, ya que entonces era una forma accesible de ver ciertas anomalías cerebrales. Nada que ver con las actuales técnicas de neuroimagen como las resonancias de alta resolución o los estudios funcionales con imágenes tan increíbles como las obtenidas por técnicas de difusión y tractografía cerebral.

Las actuales evidencias más relevantes en lo que respecta a los Trastornos del Neurodesarrollo (TND) tienen que ver con las alteraciones de la sinaptogénesis, es decir la transmisión sináptica, que en la mayoría de las ocasiones tiene una base genética relacionada con la formación de circuitos y contactos interneuronales en distintas regiones del cerebro. Estas disfunciones condicionan cambios anatómicos, neurofisiológicos y bioquímicos del cerebro implicados en la estructuración, maduración y la conducta social, con especial importancia en la corteza cerebral prefrontal.

La base neurobiológica está detrás de todos los trastornos neurológicos y psiquiátricos conocidos, y por ello el concepto de neuropsiquiatría, que se mantuvo en España hasta los años 70 aunque persiste todavía en algunos países tan próximos como Italia. Una vez superadas las ideas psicodinámicas freudianas ambas ciencias se aproximan por las bases neurobiológicas y genéticas por mucho que, por ejemplo, se abandere el término de trastorno mental para desconsiderar de forma partidista las funciones de los neuropediatras en los Trastornos del Neurodesarrollo.

Los protocolos asistenciales sobre neurodesarrollo, como los TEA o TDAH, que desconsideren al neuropediatra, como hace la Consellería de Sanidad, perjudican al niño afectado y a sus familias.

El denominado DSM, como tal clasificación estadística de las enfermedades mentales, no tiene una fundamentación objetiva al incluir entidades que claramente no son trastornos mentales como la discapacidad intelectual o los trastornos del aprendizaje. Sobre los TND como el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) o los Trastornos de los Espectros Autistas (TEA), los neuropediatras tienen una sobrada formación y experiencia en el neurodesarrollo por su especialidad como pediatras en su área específica. Ello incluye el conocimiento del desarrollo fetal, su transición al recién nacido y el seguimiento neurológico del niño. Los protocolos asistenciales sobre neurodesarrollo como los TEA o TDAH que desconsideren al neuropediatra, como hace la Consellería de Sanidad, perjudican al niño afectado y a sus familias.

Tras los primeros veinticinco años de desempeño profesional en el servicio de neuropediatría del tan añorado Hospital Infantil La Fe de Valencia, comenzamos una andadura de cursos de formación y difusión sobre todo lo relacionado con el neurodesarrollo. Actualmente con el formato de un consolidado Congreso Internacional sobre Trastornos del Neurodesarrollo se celebrará en próximas fechas la XX edición en el Colegio Oficial de Médicos de Valencia.

Veinte años que han posibilitado a muchos profesionales de distintos ámbitos relacionados con el neurodesarrollo acceder a importantes fuentes de conocimientos. Se han recibido enseñanzas de ilustres especialistas de distintas áreas de las neurociencias que nos han enriquecido enormemente y que por su proximidad han elevado el nivel del desempeño profesional de los interesados en estas materias en nuestra Comunidad Valenciana.

Neuropediatras, psiquiatras infantiles, psicólogos, pedagogos y psicopedagogos, logopedas, biólogos, genetistas, terapeutas en atención temprana, etcétera, de todos ellos hemos aprendido y el interés en el intercambio de experiencias ha permitido esta larga continuidad. Pero como dice el tango de Gardel, «que veinte años no es nada», apostamos por continuar esta andadura en beneficio de los niños afectos por estos trastornos y sus familias, deseando que en un futuro de continuidad otros puedan también emular la célebre canción de Serrat diciendo que «hace veinte años que teníamos veinte años».

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