EL VARAPALO DE MARCELINO

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Nacho Vidal volvió a jugar ayer en Liga con el Valencia. Su última aparición fue el 15 de noviembre, como titular en aquella anarquía del Villamarín donde el Valencia estuvo a punto de dejarse algún punto por el camino tras ir con ventaja de 0-4. El Betis fue capaz de marcar tres goles en un parpadeo. En lugar de madurar el empate, la estrategia suicida de Setién llevó el marcador final a un 3-6. Aquel día Nacho Vidal quedó señalado por Marcelino. Semana a semana se demostró que no hubo más culpable que el lateral derecho, un canterano que acaba de florecer en la élite y que todavía debe tener en la mochila el beneplácito de la oportunidad. Las palabras del entrenador a su jugador en la previa del partido de ayer me sorprendieron. Marcelino revolcó a Nacho Vidal sin excesivo miramiento: «El Valencia no espera». El asturiano dejó entrever que la sanción de Montoya era la única puerta abierta al lateral, que ha pasado de contar a ver los partidos en la grada. La palada de presión que echó Marcelino sobre la espalda del joven lateral se vio ayer en Mestalla. Primero, con el fallo que abrió el centro para el gol del Girona. Después, en la segunda mitad con un saque de banda directo al contrario. Fue cuestión de tiempo su cambio. Nacho Vidal fue ayer un flan. La grada aplaudió cada movimiento acertado del chaval y enjugó la frustración del canterano con aplausos en el paseíllo de la sustitución. Marcelino, después del partido, justificó el relevo de Vidal. Lo resumió en que el chico ataca mejor que defiende. Punto. No me atrevo a analizar la decisión deportiva del técnico del Valencia. Mi ignorancia es razón de peso para orillar la reflexión. Pero a nivel personal, me cuesta entender la exposición pública del técnico a las prestaciones de un futbolista de su plantilla. Me sorprende la valoración nominal. Desde la orilla creo entender que pueda haber pasado algo de vestuarios hacia dentro. Un mal gesto, una mala palabra u oídos sordos a un consejo. Algo que obligue a lavar el trapo sucio fuera de casa. Marcelino es producto de cantera. De la de Mareo concretamente. Se formó como futbolista en una de las academias más productivas de España y conoce de qué va todo esto. Además, como técnico, ha dirigido al filial sportinguista y ha trabajado para equipos en los que la cantera siempre ha sido un plus. En su época como jugador también atravesó etapas de esas en las que no contaba pese a una postadolescencia triunfal que le llevó a compartir habitación con Fernando Gómez en el subcampeonato mundial de Rusia. No me parece un tipo endiosado. Sí exigente pero no el entrenador capaz de descargar frustraciones sobre un jugador. Hay algo que se me escapa pero si no hay motivo, es la primera vez que no reconozco a Marcelino.

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