La Vall d’Uixó, 21 €; Morella, 2.200

No seamos sectarios. Tan victimista es Puig como el mayor alicantonalista. No en vano emplean el mismo argumento

FERRAN BELDA

El dúo Saca Punta a la Discriminación, formado como es bien sabido por Ximo Puig y Vicent Soler, ha llevado este ardid político a un extremo tal que va a ser imposible echarles un cable sin significarse. Especialmente cuando alguien les pague con la misma moneda. Es lo que le pasó el otro día a uno que yo me sé. La emprendió contra el presidente de la Cámara de Comercio de Alicante Juan Riera porque osó poner en un apuro a Puig y no cantó más La Traviata porque se le acabó el papel, que si no, todavía estaba poniéndose evidencia. Total porque Riera se mostró reivindicativo, no hizo distinciones a la hora de acusar al Gobierno y al Consell de regatear inversiones a dicha provincia y amenazó con ponerse farruco. Nada que no haga el dúo Saca Punta a la Discriminación día tras día desde hace dos años. Riera, por lo menos, todavía no ha convocado ninguna manifestación contra «Valencia». Puig va por la tercera contra «Madrid».

Lo cual no quita para que el alicantinismo sea una rémora para el normal funcionamiento de la autonomía. Un incordio falaz. Amén de un fuego que atizan unos u otros (Fernández Valenzuela era del PSOE) en función de los intereses del momento, como tantas otras cuestiones sentimentales en esta tierra. Pero no seamos sectarios. Tan victimista es Puig como el mayor alicantonalista. No en vano emplean el mismo argumento. Aquellos para indisponer a Alicante contra Valencia; estos para «movilizar» a los valencianos contra Madrid (España). El mismo.

Lo escribí meses atrás. Un día alguien vaciará la hemeroteca de todos los agravios comparativos esgrimidos por el ahora President contra el Consell y la Diputación de Castellón cuando sólo era alcalde de Morella y diputado, y se va a tener que tragar lo que está diciendo. Me quedé corto. Rubén Ibáñez, el diputado del PP al que llamó payaso en 2015 cuando le echó en cara las ayudas a Carns de Morella, hizo algo infinitamente más perverso. Exprimió los presupuestos de la Generalidad de 2017 y descubrió que por cada euro que el Consell invierte en un vallero -y eso que el gobierno de La Vall d’Uixó es de lo más ‘botánico’- se gasta 104 en un morellano. En números redondos, la media por habitante de La Vall es de 21euros, frente a los 71 de la provincia de Castellón y los 2.200 de Morella. Suma que sería más abultada si hubieran continuado las subvenciones a la empresa cárnica que creó y fundó su Molt Honorable titular.

Dicho sea todo esto con reservas. No vaya a ser que el comentarista que la emprendió con Juan Riera por imitar retóricamente a Puig se revuelva contra mí y me relacione con «la conspiración política» que, a su complicado modo de ver, se está fraguando para «asfixiar financieramente al Consell». Como si no se/nos estuviera estrangulando él solo divinamente ora subiendo salarios (66,7 millones), ora incrementando la burocracia (¿?), ora manipulando el IVF, etc.

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