Valencia, de pueblo

BORJA RODRÍGUEZ

Ni tiempo para disfrutar, ni bolsillo que lo aguante. La cantidad de espectáculos que soporta el calendario musical que ofrece la ciudad de Valencia en julio es tremendo. Por contra, en el resto del año nos quedamos muertos de asco. Analicemos la cantidad de espectáculos con solo sumar los 17 conciertos de la Feria de Julio en Viveros y otros tantos que ofrece el XXI Festival de Jazz del Palau. En la plaza de toros se solapan conciertos como el de Melendi, Joaquín Sabina o el festival del perreo (Latin Fest) con Juan Magán y coleguitas. Por si fuera poco Luis Fonsi, alias 'Despacito', la futura canción más odiada del planeta también ofrece un concierto en la Marina (por suerte bien lejos). Hay más oferta pero me planto con esta muestra para darnos cuenta que no es normal esta concentración. En cuanto a calidad de los diferentes carteles, dista bastante de lo que debiera acoger una ciudad como Valencia, antaño sede de grandes artistas que la tenían en agenda con parada obligatoria dentro de sus giras mundiales. Y ninguno de los agentes de la administración local es capaz de dar una solución, no digo varias, solo una. Son incompetentes para muchas materias, desconocen el mercado y los flujos de visitantes. Por eso Valencia se ha convertido en una ciudad con un turismo de bocadillo y porción de pizza. Una ciudad que ha perdido el comercio tradicional para dar paso a todo tipo de franquicias que ofrecen jamón, hamburguesas y falsos pintxos. Donde comer una paella en condiciones es misión imposible. Valencia, sucia, maloliente, con indigentes durmiendo a pie de los monumentos y sin embargo ¡cómo mola cerrar la plaza del Ayuntamiento y ofrecer conciertos de orquestas y karaokes! No hay gusto por las cosas porque lo desconocen. Valencia se ha convertido en una ciudad gobernada por políticos de pueblo.

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