VALENCIA 2069

MIQUEL NADAL

El año próximo, 2069, se celebrará el 150 aniversario de la fundación del Valencia F.C. Recordemos que al poco de celebrar su Centenario, en 2019, ese año en el que la Falla municipal de València fue una gran alegoría de la entidad, el Valencia modificó sus estatutos y recuperó su nombre original. Pero eso sucedió aún en la época digital, la que sustituyó a la historia real, cuando las cosas aún se tocaban y recordaban. Muy poco después todo dejó de tener importancia con el advenimiento del nuevo mundo, cuando se demostró que Dios era cuántico y se inició la construcción de aparatos capaces de medir y hacer real lo invisible. En la época digital, lo máximo dicen era plantarte un casco con un visor que daba sensaciones reales. En el mundo de lo cuántico, cuando se demostró la veracidad de la teoría de cuerdas, se fue capaz de transformar la realidad. Sobre el año 2032 los estadios reales eran monumentos ya desterrados, arqueología del deporte. La diferencia ya no estaba entre lo que contaban los historiadores sobre un tal Tebas y los ingresos que se percibían al enviar imágenes de partidos de fútbol reproducidas en aparatos electrónicos. No se asistía a lo que ya no se celebraba, en tribuna o general. Las cuotas del nuevo fútbol cuántico permitían, en su modalidad barata, estar en el césped en partidos que se celebraban en pliegues dimensionales, y en la modalidad cara uno compraba la localidad para ser jugador virtual, que albergaba miles de huéspedes cuánticos. Los partidos dejaron de arbitrarse, y a la gente le costaba entender esas reliquias del pasado, y las tarjetas, pues todo estaba gobernado por el material más preciado: los algoritmos. El dinero físico, instrumento de la historia pasada fue sustituido por la posesión de algoritmos que acumularon los ricos. Por eso, cada nueva temporada se iniciaba con puntos asignados de oficio sin necesidad de tarjetas arbitrarias. A partir del año 2037, los juegos virtuales gráficos dejaron de fabricarse para dar paso, con el FIFA 2038, a partidos históricos en los que los jugadores introducían cambios que provocaban nuevos resultados. Fruto de ese nuevo impulso, la Liga de Futbol Profesional inició una nueva competición, en apariencia equilibrada, en la que se podían modificar los partidos ya jugados. No era volver a arbitrar, que eso era arqueología. Las competiciones volvían a jugarse. Lo que algunos equipos vieron como oportunidad de recuperar títulos se transformó en lo contrario. Los pobres fueron más pobres, y la remontada de Robert Fernández y Fernando Gómez Colomer nunca llegó a jugarse. El 6-O contra el Real Madrid dejó de existir. Los insultos, por razones de utilidad pública se volvieron a permitir en 2042, y los viajes en el tiempo al Bar Torino para asistir a la fundación del Valencia se prohibieron salvo para algunos privilegiados bajo estrictas reglas de aglomeración por fallos en la teoría de cuerdas. Nunca quedó rastro de una secta minoritaria de los alérgicos al fútbol moderno.

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