El vago

Arsénico por diversión

Los responsables de la oposición de la Diputación para contratar a periodistas, al parecer, no se han dejado la vida en sus exámenes

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Poner un examen no siempre es fácil y rápido. Depende del contenido, de la forma de preguntar, del tipo de prueba o de lo que se busque evaluar. En ocasiones es tan sencillo como formular tres preguntas o elegir tres temas y, otras, tan complejo como elaborar cuestiones a partir de materiales primarios: mapas, datos estadísticos, imágenes de televisión, selección de textos o recortes de prensa. Hay quien acaba en diez minutos y quien se pasa un par de horas para tenerlo listo.

Los responsables de la oposición de la Diputación de Valencia para contratar a periodistas, al parecer, no se han dejado la vida en sus exámenes. Por lo que sabemos, los suyos ni requerían demasiados encajes de bolillos ni han supuesto complicadas preparaciones previas, pues por lo visto se trataba simplemente de una serie de test que además han copiado de Internet. En la red hay de todo y, por supuesto, también sitios donde encontrar trabajos, exámenes o apuntes. Lo que no saben algunos es que no solo lo encuentran los alumnos vagos sino los profesores curiosos que, cuando el alumno ha ido, ellos ya han ido y han vuelto.

Esas páginas dependen, para su propia existencia, de la dinámica colaborativa, fundamento de otras conocidas como la Wikipedia o Tripadvisor. Son recopilaciones de materiales y trabajos de clase realizadas entre todos sin cortapisas ni supervisión. O bien páginas donde cotillear de este profesor o de aquel otro. Y ocurre como en sus hermanas enciclopédicas comunitarias: hay contenidos correctos e interesantes que ayudan a resolver una duda concreta, pero también muchos errores, chapuzas y notas que algunos jamás hubiéramos fotocopiado para estudiar. Ni regalados. Lo sé porque en alguna ocasión he curioseado en ellas, y no he encontrado ni materiales bien hechos y completos, ni comentarios o frases célebres mías en las webs que recogen las grandes sentencias de los profesores universitarios españoles. Debe de ser que no digo ninguna frase especialmente jugosa.

Hay otra razón para esa falta de calidad. Muchos alumnos que preparan buenas recopilaciones de apuntes se dedican a venderlos. Si han invertido horas y horas de esfuerzo y saben que hay demanda dispuesta a pagar para asegurarse el aprobado al final, el negocio parece lógico. Lo mismo sucede con los trabajos: lo que circula en la red es bastante pobre mientras que hay empresas que se anuncian en los tablones universitarios para 'vender' sus servicios. Por eso las webs de acceso casi libre no son solo para vagos sino también para tacaños. Y en esas, al parecer, ha recalado la Diputación de Valencia. No podía preparar unos sencillos test a partir de los temas propuestos para la oposición o pedir asesoramiento a quienes saben, para hacer algo digno de la institución y de los aspirantes, sino que ha buscado sin pudor en una web de estudiantes. Y ni siquiera es de las mejores, ni está actualizada ni es completa.

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