VACUNAS

Se admite la prevención en medicina, también para evitar delitos; pero cuesta mucho tomar medidas políticas preventivas

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

La sociedad moderna va admitiendo de buena gana que las instituciones difundan prácticas preventivas en materia de salud. Socialmente está bien vista una higiénica anticipación al peligro, la enfermedad o el mal. También es normal que se acepte que un tipo que ha mostrado violencia contra la mujer, o los hijos, reciba por parte de la ley una vigilancia especial: la justicia toma medidas preventivas y le ordena control y alejamiento. Sin embargo, como estamos viendo en la práctica, la normativa no se ha ocupado tanto del de la prevención en otros campos y materias, lo que es origen de muy frecuentes dudas, choques y debates. Recientemente, ha habido polémica en torno a si el Gobierno hizo mal o bien al recurrir al Constitucional presumiendo, como era de temer, una conducta desviada del independentismo catalán. ¿Hizo mal Rajoy anticipándose? En resumen, el asunto es si resulta legítimo anticiparse al posible delito, para evitarlo.

Una reciente película sobre Churchill nos muestra a un presidente de Gobierno queriendo actuar preventivamente contra la evidencia de que Hitler quiere asaltar Gran Bretaña, mientras convencionalismos, temores e inercias frenan su intuición. En la sociedad española, pasito a paso, está calando la sensación de que es preciso aplicar recetas de política preventiva para acotar el peligro no ya del nacionalismo sino del separatismo y el extremismo populista. Y que eso tiene que hacerse cuanto antes mejor, a base de poner en común la energía de los partidos que conforman el principal soporte constitucional. Si como se asegura viene una reforma constitucional, quizá sería muy práctico desarrollar, antes o después, leyes y reformas preventivas en el campo electoral.

En primer, lugar para primar y permitir el gobierno de la lista más votada. Si en Cataluña hubiera un reparto más justo de los escaños, si Barcelona pesara electoralmente lo que debe pesar, Inés Arrimadas sería ya presidenta de los catalanes y punto pelota. Y si hubiera tenido un premio de cinco escaños como tantas leyes electorales europeas permiten, con más seguridad. El principio de la suma de escaños de los partidos en el que España se basa no está en vigor ya en muchas partes del mundo democrático, por extraño que nos parezca. Como ya va siendo una rareza que los partidos nos presenten una lista de nombres, ordenada e inalterable, en la que no podemos seleccionar nuestras preferencias.

Es imprescindible ir mejorando e incentivar la política de convivencia entre partidos que defienden una misma Constitución y un mismo modelo de sociedad. El actual ejemplo alemán -donde dos partidos están renunciando a muchas cosas para alcanzar acuerdo en algunas- nos tiene que servir. Nadie como los alemanes han aprendido la lección: debe primar el esfuerzo general, la vacuna que haga inviable el nacionalismo excluyente que acaba en independentismo, opresión, invasión y fobia al adversario.

Fotos

Vídeos