Las urnas o el infierno

ROSA BELMONTE

Rufián consigue que una se quede con Soraya, igual que Assange consigue que una se quede con Pérez-Reverte. Y hasta con el Arropiero, si me apuran. Tras la expropiación de Rumasa, y como escribió Umbral, Ruiz Mateos se convirtió en una folclórica. Pero los numeritos ridículos se los pagaba él. Lo que escuece de Rufián es que desde su escaño y desde su sueldo de diputado (pagado por los españoles que tributan) haya que aguantarle las gracias folclóricas. «Dejen de hacer el ridículo», dijo sin pudor con su voz de enano encerrado en una tinaja cuando dejó de sujetar la impresora republicana. Que ahora, según Rufián, Samsung es republicana. Azaña se extrañó cuando oyó hablar a Companys de «democracia expeditiva» (claro, que también se extrañó de su catalanismo nacionalista). Lo de Rufián es democracia mamarracha. Pero a nadie extraña. «Nos vemos en las urnas», se despidió ayer. No sé si es una mejora porque antes citaba en el infierno.

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