Una urgencia clamorosa

Ni el inmovilismo ni la demagogia sirven para ganar el futuro

IGNACIO GIL LÁZARO

España precisa encontrar pronto eso que Ortega llamaba un proyecto sugestivo de vida en común. Hacerlo frente a la vulgaridad, la estupidez, la petulancia, la osadía ignorante, el sectarismo enconado, la división enquistada y la falta de hondura en el debate público. La política española carece cada vez más de ideas y grandeza. Todo pasa por la criba del interés partidista en detrimento de aquello que de verdad preocupa a la gente. Por ejemplo, es como mínimo muy torpe enviar una carta a los jubilados diciéndoles lo bien que funcionan las cosas porque el Gobierno les sube la pensión un 0,25% cuando resulta que esas pensiones son raquíticas y que el incremento aludido supone por término medio algo más de un euro al mes. Otro botón de muestra: esta semana todos los partidos sacudiéndole al PP en el Congreso a cuenta de la corrupción y el PP en el Senado tratando él solo de sacarle por lo mismo los colores al resto. Un espectáculo lamentable que genera desafección y vergüenza en la mayoría de la sociedad española, harta de presenciar como sus representantes se tiran los trastos a la cabeza. Una práctica estéril. El inmovilismo ni la demagogia sirven para ganar el futuro. Tampoco ocurrencias a bote pronto como la propuesta de CEOE que quiere contratos de formación destinados a mayores de cuarenta y cinco años. El colmo. Desde luego, continúa siendo un lastre para España ese tam-tam nacionalista que no cesa. Sin ir más lejos aquí Compromís va copiando poco a poco las recetas del 'procés' a pesar de como está el patio en Cataluña. Un hecho que nadie debería ignorar aun más por el tono autoritario y faltón que muchos de sus dirigentes utilizan como norma y en especial a caballo de las redes sociales. El tal Nomdedéu con reiterada insistencia. Promover la 'valencianización' de nombres y apellidos, hinchar de dinero público a entidades proindependentistas, seguir erre que erre con el empeño de articular un sistema de inmersión lingüística en los colegios y en el acceso a la Administración o calcar el modelo TV3 para la nueva televisión autonómica hace que se les vea el plumero a las claras. Bobo o cómplice no entenderlo. Ciertamente el problema de fondo es también que más allá de la política abunda mucho el cobardón ideológico cuando no se es de izquierdas, el oportunista sin principios, el arribista en venta y el tontiburro digital. Se ha podido constatar estos días a tenor de esa falsa polémica inducida sobre la censura y la libertad de expresión al tiempo que moría Forges. Él ha sido la profunda y certera conciencia crítica gráfica de las últimas décadas. El genio de la inteligencia sutil, creativa y amable que es lo que ahora hace falta. «Pienso luego molesto» clamo en alguna de sus espléndidas viñetas. Afán por la justicia, la cultura, la democracia, la modernidad y la concordia. El legado que nos deja. Pilares básicos del guión que España ha de lograr escribir cuanto antes. Una urgencia clamorosa.

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