La universidad, reflejo de la sociedad

PEDRO ORTIZ

Miedo me da meterme en este charco de las universidades públicas valencianas y eso que lo voy a hacer desde el mayor de los respetos. No existe una sociedad civilizada sin universidades y ni siquiera puede considerarse avanzada la sociedad que intenta controlar con intereses espurios, habitualmente desde el poder político, sus universidades.

Sin embargo, esta alta consideración de la enseñanza universitaria no significa que a las universidades se les deba permitir barra libre en la parte económica. En España lo público parece abocado al gasto excesivo, porque se cree que, como dijo aquella ministra socialista, el dinero público no es de nadie; lo cierto es que el dinero público es de todos y por tanto quienes lo manejan deben hacerlo con el mayor tino posible. La universidad forma parte de lo público. Y así, si por un lado debe estar dotada con dinero suficiente para la enseñanza y la investigación, por otro ha de justificar al menos que ese dinero se destina a la enseñanza y a la investigación.

Todo esto viene a cuento porque el juez ha dado la razón a una petición del PP, y las universidades públicas valencianas deben justificar más de 120 millones de euros en gastos... sin justificar. 120 millones en nueve años, que menuda cifra, aunque sea una parte ínfima del presupuesto que manejan.

Las universidades han apelado a la autonomía universitaria para negarse a presentar los resguardos del gasto injustificado. La autonomía universitaria, recogida incluso en la Constitución, es entendida como libertad de enseñanza e investigación, dotación de estatutos propios y blindaje frente a la intromisión de factores externos y especialmente del poder político. Pero una cosa es la autonomía que les permite gastar donde quieran y otra bien distinta el no justificar una buena parte de esos gastos.

Así que nos encontramos con unas universidades que se nutren del dinero de alumnos y erario, pero que no informan debidamente de sus gastos hasta que los tribunales obligan. Presentar cuentas no es perder autonomía, sino impedir el gobierno arbitrario de las manos rotas.

Si a ese oscurantismo en sus balances se le añade que ninguna de las universidades valencianas se encuentra precisamente entre las mejores de Europa, se llega a la conclusión de que quizás se empleen excesivas tortas para construir un pésimo pan. Otro día hablaremos, también desde el respeto, de la endogamia, la falta de actualización, el alejamiento de la sociedad, la nula internacionalización, la inflación de centros y hasta del corta y pega como trabajo investigativo.

Todo para la universidad, pero la universidad debe rendir cuentas. El funcionamiento de las universidades siempre ha sido reflejo de la sociedad en la que se inscriben. Con lo bueno y con lo malo. También en la Comunidad Valenciana.

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